<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><?xml-stylesheet href="https://feeds.captivate.fm/style.xsl" type="text/xsl"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:podcast="https://podcastindex.org/namespace/1.0"><channel><atom:link href="https://feeds.captivate.fm/lecturas-bblicas-rad/" rel="self" type="application/rss+xml"/><title><![CDATA[Lecturas Bíblicas - Radio Gracia y Paz]]></title><lastBuildDate>Mon, 16 Jan 2023 15:27:13 +0000</lastBuildDate><generator>Captivate.fm</generator><language><![CDATA[es]]></language><copyright><![CDATA[Copyright Radio Gracia y Paz]]></copyright><managingEditor>Radio Gracia y Paz</managingEditor><itunes:summary><![CDATA[Lecturas de Las Escrituras (Biblia), meditaciones, Biografías, entre otros temas cristianos.Escúchanos diariamente en: <a href="http://www.radiograciaypaz.cl" rel="noopener">www.radiograciaypaz.cl</a>]]></itunes:summary><image><url>https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg</url><title>Lecturas Bíblicas - Radio Gracia y Paz</title><link><![CDATA[https://www.spreaker.com/show/lecturas-biblicas-radio-gracia-y-paz]]></link></image><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><itunes:owner><itunes:name>Radio Gracia y Paz</itunes:name></itunes:owner><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author><description>Lecturas de Las Escrituras (Biblia), meditaciones, Biografías, entre otros temas cristianos.Escúchanos diariamente en: http://www.radiograciaypaz.cl (www.radiograciaypaz.cl)</description><link>https://www.spreaker.com/show/lecturas-biblicas-radio-gracia-y-paz</link><atom:link href="https://pubsubhubbub.appspot.com" rel="hub"/><itunes:subtitle><![CDATA[Lecturas de Las Escrituras (Biblia), meditaciones, Biografías, entre otros temas cristianos.Escúchanos diariamente en: www.radiograciaypaz.cl]]></itunes:subtitle><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:type>episodic</itunes:type><itunes:category text="Religion &amp; Spirituality"><itunes:category text="Christianity"/></itunes:category><itunes:category text="Education"></itunes:category><itunes:new-feed-url>https://feeds.captivate.fm/lecturas-bblicas-rad/</itunes:new-feed-url><item><title>Salmo 1</title><itunes:title>Salmo 1</itunes:title><description><![CDATA[<p><strong>Libro Primero (Salmos 1–41)</strong></p><p><strong>Salmo 1</strong></p><p><sup>1&nbsp;</sup>Qué alegría para los que&nbsp;</p><p>no siguen el consejo de malos,&nbsp;</p><p>ni andan con pecadores,&nbsp;</p><p>ni se juntan con burlones;&nbsp;</p><p><sup>2&nbsp;</sup>sino que se deleitan en la ley del Señor&nbsp;</p><p>meditando en ella día y noche.&nbsp;</p><p><sup>3&nbsp;</sup>Son como árboles plantados a la orilla de un río,&nbsp;</p><p>que siempre dan fruto en su tiempo.&nbsp;</p><p>Sus hojas nunca se marchitan,&nbsp;</p><p>y prosperan en todo lo que hacen.&nbsp;</p><p><sup>4&nbsp;</sup>¡No sucede lo mismo con los malos!&nbsp;</p><p>Son como paja inútil que esparce el viento.&nbsp;</p><p><sup>5&nbsp;</sup>Serán condenados cuando llegue el juicio;&nbsp;</p><p>los pecadores no tendrán lugar entre los justos.&nbsp;</p><p><sup>6&nbsp;</sup>Pues el Señor cuida el sendero de los justos,&nbsp;</p><p>pero la senda de los malos lleva a la destrucción.&nbsp;</p><p><br></p><p>NTV</p>]]></description><content:encoded><![CDATA[<p><strong>Libro Primero (Salmos 1–41)</strong></p><p><strong>Salmo 1</strong></p><p><sup>1&nbsp;</sup>Qué alegría para los que&nbsp;</p><p>no siguen el consejo de malos,&nbsp;</p><p>ni andan con pecadores,&nbsp;</p><p>ni se juntan con burlones;&nbsp;</p><p><sup>2&nbsp;</sup>sino que se deleitan en la ley del Señor&nbsp;</p><p>meditando en ella día y noche.&nbsp;</p><p><sup>3&nbsp;</sup>Son como árboles plantados a la orilla de un río,&nbsp;</p><p>que siempre dan fruto en su tiempo.&nbsp;</p><p>Sus hojas nunca se marchitan,&nbsp;</p><p>y prosperan en todo lo que hacen.&nbsp;</p><p><sup>4&nbsp;</sup>¡No sucede lo mismo con los malos!&nbsp;</p><p>Son como paja inútil que esparce el viento.&nbsp;</p><p><sup>5&nbsp;</sup>Serán condenados cuando llegue el juicio;&nbsp;</p><p>los pecadores no tendrán lugar entre los justos.&nbsp;</p><p><sup>6&nbsp;</sup>Pues el Señor cuida el sendero de los justos,&nbsp;</p><p>pero la senda de los malos lleva a la destrucción.&nbsp;</p><p><br></p><p>NTV</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/salmo-1]]></link><guid isPermaLink="false">063c461f-259f-4faf-b831-507fc2ed249c</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Sat, 04 Sep 2021 18:10:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/99ec7c9f-7695-43c6-8cb4-0998e53336dd/19001-salmos.mp3" length="669010" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>00:55</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:season>19</itunes:season><itunes:episode>1</itunes:episode><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Historia de David y Goliat. (1Samuel 17)</title><itunes:title>Historia de David y Goliat. (1Samuel 17)</itunes:title><description><![CDATA[<p><strong class="ql-size-large">Lectura de las Escrituras. (Dramatizada)</strong></p><p><strong class="ql-size-large">Historia de David y Goliat.</strong></p><p><strong><em>Goliat desafía a los israelitas</em></strong></p><p><sup>1&nbsp;</sup>Los filisteos reunieron su ejército para la batalla y acamparon en Efes-damim, que queda entre Soco en Judá y Azeca. <sup>2&nbsp;</sup>Saúl respondió reuniendo a las tropas israelitas cerca del valle de Ela. <sup>3&nbsp;</sup>De modo que los filisteos y los israelitas quedaron frente a frente en montes opuestos, separados por el valle.&nbsp;</p><p>	<sup>4&nbsp;</sup>Luego Goliat, un campeón filisteo de Gat, salió de entre las filas de los filisteos para enfrentarse a las fuerzas de Israel. ¡Medía casi tres metros de altura! <sup>5&nbsp;</sup>Llevaba un casco de bronce y su cota de malla, hecha de bronce, pesaba cincuenta y siete kilos. <sup>6&nbsp;</sup>También tenía puestos protectores de bronce en las piernas y llevaba una jabalina de bronce sobre el hombro. <sup>7&nbsp;</sup>El asta de su lanza era tan pesada y gruesa como un rodillo de telar, con una punta de hierro que pesaba casi siete kilos. Su escudero iba delante de él.&nbsp;</p><p>	<sup>8&nbsp;</sup>Entonces Goliat se detuvo y gritó mofándose de los israelitas: «¿Por qué salen todos ustedes a pelear? Yo soy el campeón filisteo, pero ustedes no son más que siervos de Saúl. ¡Elijan a un hombre para que venga aquí a pelear conmigo! <sup>9&nbsp;</sup>Si me mata, entonces seremos sus esclavos; pero si yo lo mato a él, ¡ustedes serán nuestros esclavos! <sup>10&nbsp;</sup>¡Hoy desafío a los ejércitos de Israel! ¡Envíenme a un hombre que me enfrente!».&nbsp;</p><p>	<sup>11&nbsp;</sup>Cuando Saúl y los israelitas lo escucharon, quedaron aterrados y profundamente perturbados.&nbsp;</p><p><em>Isaí envía a David al campamento de Saúl</em></p><p>	<sup>12&nbsp;</sup>Ahora bien, David era hijo de un hombre llamado Isaí, un efrateo de Belén, en la tierra de Judá. En ese tiempo Isaí era anciano y tenía ocho hijos. <sup>13&nbsp;</sup>Sus tres hijos mayores —Eliab, Abinadab y Simea— ya se habían unido al ejército de Saúl para pelear contra los filisteos. <sup>14&nbsp;</sup>David era el menor de los hijos. Sus tres hermanos mayores se quedaron con el ejército de Saúl, <sup>15&nbsp;</sup>pero David iba y venía para ayudar a su padre con las ovejas en Belén.&nbsp;</p><p>	<sup>16&nbsp;</sup>Durante cuarenta días, cada mañana y cada tarde, el campeón filisteo se paseaba dándose aires delante del ejército israelita.&nbsp;</p><p>	<sup>17&nbsp;</sup>Un día, Isaí le dijo a David: «Toma esta canasta de grano tostado y estos diez panes, y llévaselos de prisa a tus hermanos. <sup>18&nbsp;</sup>Y dale estos diez pedazos de queso a su capitán. Averigua cómo están tus hermanos y tráeme un informe de cómo les va». <sup>19&nbsp;</sup>Los hermanos de David estaban con Saúl y el ejército israelita en el valle de Ela, peleando contra los filisteos.&nbsp;</p><p>	<sup>20&nbsp;</sup>Así que temprano a la mañana siguiente, David dejó las ovejas al cuidado de otro pastor y salió con los regalos, como Isaí le había indicado. Llegó al campamento justo cuando el ejército de Israel salía al campo de batalla dando gritos de guerra. <sup>21&nbsp;</sup>Poco tiempo después las fuerzas israelitas y filisteas quedaron frente a frente, ejército contra ejército. <sup>22&nbsp;</sup>David dejó sus cosas con el hombre que guardaba las provisiones y se apresuró a ir hacia las filas para saludar a sus hermanos. <sup>23&nbsp;</sup>Mientras hablaba con ellos, Goliat, el campeón filisteo de Gat, salió de entre las tropas filisteas. En ese momento, David lo escuchó gritar sus ya acostumbradas burlas al ejército de Israel.&nbsp;</p><p>	<sup>24&nbsp;</sup>Tan pronto como las tropas israelitas lo vieron, comenzaron a huir espantadas.&nbsp;</p><p>	<sup>25&nbsp;</sup>—¿Ya vieron al gigante? —preguntaban los hombres—. Sale cada día a desafiar a Israel. El rey ha ofrecido una enorme recompensa a]]></description><content:encoded><![CDATA[<p><strong class="ql-size-large">Lectura de las Escrituras. (Dramatizada)</strong></p><p><strong class="ql-size-large">Historia de David y Goliat.</strong></p><p><strong><em>Goliat desafía a los israelitas</em></strong></p><p><sup>1&nbsp;</sup>Los filisteos reunieron su ejército para la batalla y acamparon en Efes-damim, que queda entre Soco en Judá y Azeca. <sup>2&nbsp;</sup>Saúl respondió reuniendo a las tropas israelitas cerca del valle de Ela. <sup>3&nbsp;</sup>De modo que los filisteos y los israelitas quedaron frente a frente en montes opuestos, separados por el valle.&nbsp;</p><p>	<sup>4&nbsp;</sup>Luego Goliat, un campeón filisteo de Gat, salió de entre las filas de los filisteos para enfrentarse a las fuerzas de Israel. ¡Medía casi tres metros de altura! <sup>5&nbsp;</sup>Llevaba un casco de bronce y su cota de malla, hecha de bronce, pesaba cincuenta y siete kilos. <sup>6&nbsp;</sup>También tenía puestos protectores de bronce en las piernas y llevaba una jabalina de bronce sobre el hombro. <sup>7&nbsp;</sup>El asta de su lanza era tan pesada y gruesa como un rodillo de telar, con una punta de hierro que pesaba casi siete kilos. Su escudero iba delante de él.&nbsp;</p><p>	<sup>8&nbsp;</sup>Entonces Goliat se detuvo y gritó mofándose de los israelitas: «¿Por qué salen todos ustedes a pelear? Yo soy el campeón filisteo, pero ustedes no son más que siervos de Saúl. ¡Elijan a un hombre para que venga aquí a pelear conmigo! <sup>9&nbsp;</sup>Si me mata, entonces seremos sus esclavos; pero si yo lo mato a él, ¡ustedes serán nuestros esclavos! <sup>10&nbsp;</sup>¡Hoy desafío a los ejércitos de Israel! ¡Envíenme a un hombre que me enfrente!».&nbsp;</p><p>	<sup>11&nbsp;</sup>Cuando Saúl y los israelitas lo escucharon, quedaron aterrados y profundamente perturbados.&nbsp;</p><p><em>Isaí envía a David al campamento de Saúl</em></p><p>	<sup>12&nbsp;</sup>Ahora bien, David era hijo de un hombre llamado Isaí, un efrateo de Belén, en la tierra de Judá. En ese tiempo Isaí era anciano y tenía ocho hijos. <sup>13&nbsp;</sup>Sus tres hijos mayores —Eliab, Abinadab y Simea— ya se habían unido al ejército de Saúl para pelear contra los filisteos. <sup>14&nbsp;</sup>David era el menor de los hijos. Sus tres hermanos mayores se quedaron con el ejército de Saúl, <sup>15&nbsp;</sup>pero David iba y venía para ayudar a su padre con las ovejas en Belén.&nbsp;</p><p>	<sup>16&nbsp;</sup>Durante cuarenta días, cada mañana y cada tarde, el campeón filisteo se paseaba dándose aires delante del ejército israelita.&nbsp;</p><p>	<sup>17&nbsp;</sup>Un día, Isaí le dijo a David: «Toma esta canasta de grano tostado y estos diez panes, y llévaselos de prisa a tus hermanos. <sup>18&nbsp;</sup>Y dale estos diez pedazos de queso a su capitán. Averigua cómo están tus hermanos y tráeme un informe de cómo les va». <sup>19&nbsp;</sup>Los hermanos de David estaban con Saúl y el ejército israelita en el valle de Ela, peleando contra los filisteos.&nbsp;</p><p>	<sup>20&nbsp;</sup>Así que temprano a la mañana siguiente, David dejó las ovejas al cuidado de otro pastor y salió con los regalos, como Isaí le había indicado. Llegó al campamento justo cuando el ejército de Israel salía al campo de batalla dando gritos de guerra. <sup>21&nbsp;</sup>Poco tiempo después las fuerzas israelitas y filisteas quedaron frente a frente, ejército contra ejército. <sup>22&nbsp;</sup>David dejó sus cosas con el hombre que guardaba las provisiones y se apresuró a ir hacia las filas para saludar a sus hermanos. <sup>23&nbsp;</sup>Mientras hablaba con ellos, Goliat, el campeón filisteo de Gat, salió de entre las tropas filisteas. En ese momento, David lo escuchó gritar sus ya acostumbradas burlas al ejército de Israel.&nbsp;</p><p>	<sup>24&nbsp;</sup>Tan pronto como las tropas israelitas lo vieron, comenzaron a huir espantadas.&nbsp;</p><p>	<sup>25&nbsp;</sup>—¿Ya vieron al gigante? —preguntaban los hombres—. Sale cada día a desafiar a Israel. El rey ha ofrecido una enorme recompensa a cualquiera que lo mate. ¡A ese hombre le dará una de sus hijas como esposa y toda su familia quedará exonerada de pagar impuestos!&nbsp;</p><p>	<sup>26&nbsp;</sup>David les preguntó a los soldados que estaban cerca de él:&nbsp;</p><p>	—¿Qué recibirá el hombre que mate al filisteo y ponga fin a su desafío contra Israel? Y a fin de cuentas, ¿quién es este filisteo pagano, al que se le permite desafiar a los ejércitos del Dios viviente?&nbsp;</p><p>	<sup>27&nbsp;</sup>Estos hombres le dieron a David la misma respuesta. Le dijeron:&nbsp;</p><p>	—Efectivamente, esa es la recompensa por matarlo.&nbsp;</p><p>	<sup>28&nbsp;</sup>Pero cuando Eliab, el hermano mayor de David, lo oyó hablar con los hombres, se enojó.&nbsp;</p><p>	—¿Qué estás haciendo aquí? —le reclamó—. ¿Qué pasó con esas pocas ovejas que se supone que deberías estar cuidando? Conozco tu orgullo y tu engaño. ¡Sólo quieres ver la batalla!&nbsp;</p><p>	<sup>29&nbsp;</sup>—¿Qué hice ahora? —contestó David—. ¡Sólo hacía una pregunta!&nbsp;</p><p>	<sup>30&nbsp;</sup>Entonces caminó hacia otros y les preguntó lo mismo, y recibió la misma respuesta. <sup>31&nbsp;</sup>Entonces le contaron a Saúl la pregunta de David, y el rey mandó llamarlo.&nbsp;</p><p><em>David mata a Goliat</em></p><p>	<sup>32&nbsp;</sup>—No te preocupes por este filisteo —le dijo David a Saúl—. ¡Yo iré a pelear contra él!&nbsp;</p><p>	<sup>33&nbsp;</sup>—¡No seas ridículo! —respondió Saúl—. ¡No hay forma de que tú puedas pelear contra ese filisteo y ganarle! Eres tan sólo un muchacho, y él ha sido un hombre de guerra desde su juventud.&nbsp;</p><p>	<sup>34&nbsp;</sup>Pero David insistió:&nbsp;</p><p>	—He estado cuidando las ovejas y las cabras de mi padre. Cuando un león o un oso vienen para robar un cordero del rebaño, <sup>35&nbsp;</sup>yo lo persigo con un palo y rescato el cordero de su boca. Si el animal me ataca, lo tomo de la quijada y lo golpeo hasta matarlo. <sup>36&nbsp;</sup>Lo he hecho con leones y con osos, y lo haré también con este filisteo pagano, ¡porque ha desafiado a los ejércitos del Dios viviente! <sup>37&nbsp;</sup>¡El mismo Señor que me rescató de las garras del león y del oso me rescatará de este filisteo!&nbsp;</p><p>	Así que Saúl por fin accedió:&nbsp;</p><p>	—Está bien, adelante. ¡Y que el Señor esté contigo!&nbsp;</p><p>	<sup>38&nbsp;</sup>Después Saúl le dio a David su propia armadura: un casco de bronce y una cota de malla. <sup>39&nbsp;</sup>David se los puso, se ciñó la espada y probó dar unos pasos porque nunca antes se había vestido con algo semejante.&nbsp;</p><p>	—No puedo andar con todo esto —le dijo a Saúl—. No estoy acostumbrado a usarlo.&nbsp;</p><p>	Así que David se lo quitó. <sup>40&nbsp;</sup>Tomó cinco piedras lisas de un arroyo y las metió en su bolsa de pastor. Luego, armado únicamente con su vara de pastor y su honda, comenzó a cruzar el valle para luchar contra el filisteo.&nbsp;</p><p>	<sup>41&nbsp;</sup>Goliat caminaba hacia David con su escudero delante de él, <sup>42&nbsp;</sup>mirando con desdén al muchacho de mejillas sonrosadas.&nbsp;</p><p>	<sup>43&nbsp;</sup>—¿Soy acaso un perro —le rugió a David— para que vengas contra mí con un palo?&nbsp;</p><p>	Y maldijo a David en nombre de sus dioses.&nbsp;</p><p>	<sup>44&nbsp;</sup>—¡Ven aquí, y les daré tu carne a las aves y a los animales salvajes! —gritó Goliat.&nbsp;</p><p>	<sup>45&nbsp;</sup>David le respondió al filisteo:&nbsp;</p><p>	—Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo vengo contra ti en nombre del Señor de los Ejércitos Celestiales, el Dios de los ejércitos de Israel, a quien tú has desafiado. <sup>46&nbsp;</sup>Hoy el Señor te conquistará, y yo te mataré y te cortaré la cabeza. Y luego daré los cadáveres de tus hombres a las aves y a los animales salvajes, ¡y todo el mundo sabrá que hay un Dios en Israel! <sup>47&nbsp;</sup>Todos los que están aquí reunidos sabrán que el Señor rescata a su pueblo, pero no con espada ni con lanza. ¡Esta es la batalla del Señor, y los entregará a ustedes en nuestras manos!&nbsp;</p><p>	<sup>48&nbsp;</sup>Cuando Goliat se acercó para atacarlo, David fue corriendo para enfrentarse con él. <sup>49&nbsp;</sup>Metió la mano en su bolsa de pastor, sacó una piedra, la lanzó con su honda y golpeó al filisteo en la frente. La piedra se le incrustó allí y Goliat se tambaleó y cayó de cara al suelo.&nbsp;</p><p>	<sup>50&nbsp;</sup>Así David triunfó sobre el filisteo con sólo una honda y una piedra, porque no tenía espada. <sup>51&nbsp;</sup>Después David corrió y sacó de su vaina la espada de Goliat y la usó para matarlo y cortarle la cabeza.&nbsp;</p><p><em>Israel derrota a los filisteos</em></p><p>	Cuando los filisteos vieron que su campeón estaba muerto, se dieron la vuelta y huyeron. <sup>52&nbsp;</sup>Así que los hombres de Israel y Judá dieron un gran grito de triunfo y corrieron tras los filisteos, persiguiéndolos tan lejos como Gat y hasta las puertas de Ecrón. Los cuerpos de los filisteos muertos y heridos estuvieron esparcidos a lo largo del camino de Saaraim, hasta Gat y Ecrón. <sup>53&nbsp;</sup>Luego el ejército de Israel regresó y saqueó el campamento abandonado de los filisteos. <sup>54&nbsp;</sup>(David llevó la cabeza del filisteo a Jerusalén, pero guardó la armadura en su propia carpa).&nbsp;</p><p>	<sup>55&nbsp;</sup>Al observar a David pelear contra el filisteo, Saúl le preguntó a Abner, el comandante de su ejército:&nbsp;</p><p>	—Abner, ¿quién es el padre de este muchacho?&nbsp;</p><p>	—En realidad no lo sé —declaró Abner.&nbsp;</p><p>	<sup>56&nbsp;</sup>—Bueno, ¡averigua quién es! —le dijo el rey.&nbsp;</p><p>	<sup>57&nbsp;</sup>Tan pronto como David regresó de matar a Goliat, Abner lo llevó ante Saúl con la cabeza del filisteo todavía en la mano.&nbsp;</p><p>	<sup>58&nbsp;</sup>—Dime quién es tu padre, muchacho —le dijo Saúl.&nbsp;</p><p>	—Su nombre es Isaí, y vivimos en Belén —contestó David.&nbsp;</p><p>	(Nueva Traducción Viviente, NTV)</p><p><br></p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/davidygoliat]]></link><guid isPermaLink="false">c153cdfc-3b29-4dd9-9c6c-2440d59bfd23</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/5f601f6a-047a-4570-a20b-78c26d59f9d0/n2J43k8-iuYECypujafV7DhV.png"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Sun, 01 Aug 2021 13:07:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/2b96ecc6-a709-41cf-a4d8-227cddd045c5/09017.mp3" length="7709322" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>10:42</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Lucas capítulo 01</title><itunes:title>Lucas capítulo 01</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>EVANGELIO DE LUCAS</strong></p><p class="ql-align-center"><strong>Dedicatoria a Teófilo</strong></p><p>	Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas,</p><p>	<strong>2 </strong>	tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra,</p><p>	<strong>3 </strong>	me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo,</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center">&nbsp;<a href="https://ref.ly/logosres/rvr60?ref=BibleRVR60.Lk&amp;off=369" rel="noopener noreferrer" target="_blank"><em>Reina Valera Revisada (1960)</em></a>. (1998). (Lc). Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas.</p><p class="ql-align-center"><strong>Anuncio del nacimiento de Juan</strong></p><p>	</p><p><strong>	5 	</strong>Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet.</p><p><br></p><p><strong>	6 	</strong>Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor.</p><p><br></p><p><strong>	7 	</strong>Pero no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada.</p><p><br></p><p><strong>	8 	</strong>Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase,</p><p><br></p><p><strong>	9 	</strong>conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor.</p><p><br></p><p><strong>	10 	</strong>Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso.</p><p><br></p><p><strong>	11 	</strong>Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso.</p><p><br></p><p><strong>	12 	</strong>Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor.</p><p><br></p><p><strong>	13 	</strong>Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.</p><p><br></p><p><strong>	14 	</strong>Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento;</p><p><br></p><p><strong>	15 	</strong>porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.</p><p><br></p><p><strong>	16 	</strong>Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos.</p><p><br></p><p><strong>	17 	</strong>E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.</p><p><br></p><p><strong>	18 	</strong>Dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada.</p><p><br></p><p><strong>	19 	</strong>Respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas.</p><p><br></p><p><strong>	20 	</strong>Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.</p><p><br></p><p><strong>	21 	</strong>Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaba de que él se demorase en el santuario.</p><p><br></p><p><strong>	22 	</strong>Pero cuando salió, no les podía hablar; y comprendieron que había visto visión en el santuario. Él les hablaba por señas, y permaneció mudo.</p><p><br></p><p><strong>	23 	</strong>Y cumplidos los días de su ministerio, se fue a su casa.<strong>&nbsp;</strong></p><p>	<strong>24 </strong>	Después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se recluyó en casa por cinco meses,...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>EVANGELIO DE LUCAS</strong></p><p class="ql-align-center"><strong>Dedicatoria a Teófilo</strong></p><p>	Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas,</p><p>	<strong>2 </strong>	tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra,</p><p>	<strong>3 </strong>	me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo,</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center">&nbsp;<a href="https://ref.ly/logosres/rvr60?ref=BibleRVR60.Lk&amp;off=369" rel="noopener noreferrer" target="_blank"><em>Reina Valera Revisada (1960)</em></a>. (1998). (Lc). Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas.</p><p class="ql-align-center"><strong>Anuncio del nacimiento de Juan</strong></p><p>	</p><p><strong>	5 	</strong>Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet.</p><p><br></p><p><strong>	6 	</strong>Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor.</p><p><br></p><p><strong>	7 	</strong>Pero no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada.</p><p><br></p><p><strong>	8 	</strong>Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase,</p><p><br></p><p><strong>	9 	</strong>conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor.</p><p><br></p><p><strong>	10 	</strong>Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso.</p><p><br></p><p><strong>	11 	</strong>Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso.</p><p><br></p><p><strong>	12 	</strong>Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor.</p><p><br></p><p><strong>	13 	</strong>Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.</p><p><br></p><p><strong>	14 	</strong>Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento;</p><p><br></p><p><strong>	15 	</strong>porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.</p><p><br></p><p><strong>	16 	</strong>Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos.</p><p><br></p><p><strong>	17 	</strong>E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.</p><p><br></p><p><strong>	18 	</strong>Dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada.</p><p><br></p><p><strong>	19 	</strong>Respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas.</p><p><br></p><p><strong>	20 	</strong>Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.</p><p><br></p><p><strong>	21 	</strong>Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaba de que él se demorase en el santuario.</p><p><br></p><p><strong>	22 	</strong>Pero cuando salió, no les podía hablar; y comprendieron que había visto visión en el santuario. Él les hablaba por señas, y permaneció mudo.</p><p><br></p><p><strong>	23 	</strong>Y cumplidos los días de su ministerio, se fue a su casa.<strong>&nbsp;</strong></p><p>	<strong>24 </strong>	Después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se recluyó en casa por cinco meses, diciendo:&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre los hombres.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Anuncio del nacimiento de Jesús</strong></p><p>	</p><p><strong>	26 	</strong>Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,</p><p><br></p><p><strong>	27 	</strong>a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.</p><p><br></p><p><strong>	28 	</strong>Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.</p><p><br></p><p><strong>	29 	</strong>Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta.</p><p><br></p><p><strong>	30 	</strong>Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.</p><p><br></p><p><strong>	31 	</strong>Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.</p><p><br></p><p><strong>	32 	</strong>Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;</p><p><br></p><p><strong>	33 	</strong>y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.</p><p><br></p><p><strong>	34 	</strong>Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.</p><p><br></p><p><strong>	35 	</strong>Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.</p><p><br></p><p><strong>	36 	</strong>Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril;</p><p><br></p><p><strong>	37 	</strong>porque nada hay imposible para Dios.</p><p><br></p><p><strong>	38 	</strong>Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>María visita a Elisabet</strong></p><p>	</p><p><strong>	39 	</strong>En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá;</p><p><br></p><p><strong>	40 	</strong>y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet.</p><p><br></p><p><strong>	41 	</strong>Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo,</p><p><br></p><p><strong>	42 	</strong>y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.</p><p><br></p><p><strong>	43 	</strong>¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?</p><p><br></p><p><strong>	44 	</strong>Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.</p><p><br></p><p><strong>	45 	</strong>Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor.<strong>&nbsp;</strong></p><p>	<strong>46 </strong>	Entonces María dijo:&nbsp;</p><p>Engrandece mi alma al Señor;&nbsp;</p><p>	<strong>47 </strong>	Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.&nbsp;</p><p>	<strong>48 </strong>	Porque ha mirado la bajeza de su sierva;&nbsp;</p><p>Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.&nbsp;</p><p>	<strong>49 </strong>	Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso;&nbsp;</p><p>Santo es su nombre,&nbsp;</p><p>	<strong>50 </strong>	Y su misericordia es de generación en generación&nbsp;</p><p>A los que le temen.&nbsp;</p><p>	<strong>51 </strong>	Hizo proezas con su brazo;&nbsp;</p><p>Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.&nbsp;</p><p>	<strong>52 </strong>	Quitó de los tronos a los poderosos,&nbsp;</p><p>Y exaltó a los humildes.&nbsp;</p><p>	<strong>53 </strong>	A los hambrientos colmó de bienes,&nbsp;</p><p>Y a los ricos envió vacíos.&nbsp;</p><p>	<strong>54 </strong>	Socorrió a Israel su siervo,&nbsp;</p><p>Acordándose de la misericordia&nbsp;</p><p>	<strong>55 </strong>	De la cual habló a nuestros padres,&nbsp;</p><p>Para con Abraham y su descendencia para siempre.&nbsp;</p><p>	<strong>56 </strong>	Y se quedó María con ella como tres meses; después se volvió a su casa.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Nacimiento de Juan el Bautista</strong></p><p>	</p><p><strong>	57 	</strong>Cuando a Elisabet se le cumplió el tiempo de su alumbramiento, dio a luz un hijo.</p><p><br></p><p><strong>	58 	</strong>Y cuando oyeron los vecinos y los parientes que Dios había engrandecido para con ella su misericordia, se regocijaron con ella.</p><p><br></p><p><strong>	59 	</strong>Aconteció que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban con el nombre de su padre, Zacarías;</p><p><br></p><p><strong>	60 	</strong>pero respondiendo su madre, dijo: No; se llamará Juan.</p><p><br></p><p><strong>	61 	</strong>Le dijeron: ¿Por qué? No hay nadie en tu parentela que se llame con ese nombre.</p><p><br></p><p><strong>	62 	</strong>Entonces preguntaron por señas a su padre, cómo le quería llamar.</p><p><br></p><p><strong>	63 	</strong>Y pidiendo una tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.</p><p><br></p><p><strong>	64 	</strong>Al momento fue abierta su boca y suelta su lengua, y habló bendiciendo a Dios.</p><p><br></p><p><strong>	65 	</strong>Y se llenaron de temor todos sus vecinos; y en todas las montañas de Judea se divulgaron todas estas cosas.</p><p><br></p><p><strong>	66 	</strong>Y todos los que las oían las guardaban en su corazón, diciendo: ¿Quién, pues, será este niño? Y la mano del Señor estaba con él.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Profecía de Zacarías</strong></p><p>	</p><p><strong>	67 	</strong>Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo:<strong>&nbsp;</strong></p><p>	<strong>68 </strong>	Bendito el Señor Dios de Israel,&nbsp;</p><p>Que ha visitado y redimido a su pueblo,&nbsp;</p><p>	<strong>69 </strong>	Y nos levantó un poderoso Salvador&nbsp;</p><p>En la casa de David su siervo,&nbsp;</p><p>	<strong>70 </strong>	Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio;&nbsp;</p><p>	<strong>71 </strong>	Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron;&nbsp;</p><p>	<strong>72 </strong>	Para hacer misericordia con nuestros padres,&nbsp;</p><p>Y acordarse de su santo pacto;&nbsp;</p><p>	<strong>73 </strong>	Del juramento que hizo a Abraham nuestro padre,&nbsp;</p><p>Que nos había de conceder&nbsp;</p><p>	<strong>74 </strong>	Que, librados de nuestros enemigos,&nbsp;</p><p>Sin temor le serviríamos&nbsp;</p><p>	<strong>75 </strong>	En santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días.&nbsp;</p><p>	<strong>76 </strong>	Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado;&nbsp;</p><p>Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos;&nbsp;</p><p>	<strong>77 </strong>	Para dar conocimiento de salvación a su pueblo,&nbsp;</p><p>Para perdón de sus pecados,&nbsp;</p><p>	<strong>78 </strong>	Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,&nbsp;</p><p>Con que nos visitó desde lo alto la aurora,&nbsp;</p><p>	<strong>79 </strong>	Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte;&nbsp;</p><p>Para encaminar nuestros pies por camino de paz.&nbsp;</p><p>	<strong>80 </strong>	Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/lucas-capitulo-01]]></link><guid isPermaLink="false">b241d220-a9ab-4bcc-9964-dad9cf88b7a0</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Wed, 14 Jul 2021 09:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/87f1ddd1-423a-4427-9da3-a56f5ef5967e/45-san-lucas-01.mp3" length="11241710" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>11:28</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Marcos capítulo 16</title><itunes:title>Marcos capítulo 16</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>La resurrección</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 28.1–10; Lc. 24.1–12; Jn. 20.1–10)</p><p>	Cuando pasó el día de reposo,* María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús se aparece a María Magdalena</strong></p><p class="ql-align-center">(Jn. 20.11–18)</p><p>	</p><p>	<strong>9 </strong>	Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús se aparece a dos de sus discípulos</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 24.13–35)</p><p>	</p><p>	<strong>12 </strong>	Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús comisiona a los apóstoles</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 28.16–20; Lc. 24.36–49; Jn. 20.19–23)</p><p>	</p><p>	<strong>14 </strong>	Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La ascensión</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 24.50–53)</p><p>	</p><p>	<strong>19 </strong>	Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>La resurrección</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 28.1–10; Lc. 24.1–12; Jn. 20.1–10)</p><p>	Cuando pasó el día de reposo,* María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús se aparece a María Magdalena</strong></p><p class="ql-align-center">(Jn. 20.11–18)</p><p>	</p><p>	<strong>9 </strong>	Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús se aparece a dos de sus discípulos</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 24.13–35)</p><p>	</p><p>	<strong>12 </strong>	Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús comisiona a los apóstoles</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 28.16–20; Lc. 24.36–49; Jn. 20.19–23)</p><p>	</p><p>	<strong>14 </strong>	Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La ascensión</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 24.50–53)</p><p>	</p><p>	<strong>19 </strong>	Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/marcos-capitulo-16]]></link><guid isPermaLink="false">98fda64f-ef15-4f99-9aff-b7f17527f295</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Tue, 13 Jul 2021 18:51:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/d1cb8a1f-f734-4d25-8c74-452fd3338251/44-san-marcos-16.mp3" length="3814575" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>03:44</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Marcos capítulo 15</title><itunes:title>Marcos capítulo 15</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús ante Pilato</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 27.1–2, 11–14; Lc. 23.1–5; Jn. 18.28–38)</p><p>	Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Y los principales sacerdotes le acusaban mucho.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús sentenciado a muerte</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 27.15–31; Lc. 23.13–25; Jn. 18.38—19.16)</p><p>	</p><p>	<strong>6 </strong>	Ahora bien, en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían cometido homicidio en una revuelta.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Y viniendo la multitud, comenzó a pedir que hiciese como siempre les había hecho.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Mas los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltase más bien a Barrabás.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos?&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y ellos volvieron a dar voces: ¡Crucifícale!&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aun más: ¡Crucifícale!&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y le vistieron de púrpura, y poniéndole una corona tejida de espinas,&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos!&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Después de haberle escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le pusieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Crucifixión y muerte de Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 27.32–56; Lc. 23.26–49; Jn. 19.17–30)</p><p>	</p><p>	<strong>21 </strong>	Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Era la hora tercera cuando le crucificaron.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDÍOS.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos.&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús ante Pilato</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 27.1–2, 11–14; Lc. 23.1–5; Jn. 18.28–38)</p><p>	Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Y los principales sacerdotes le acusaban mucho.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús sentenciado a muerte</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 27.15–31; Lc. 23.13–25; Jn. 18.38—19.16)</p><p>	</p><p>	<strong>6 </strong>	Ahora bien, en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían cometido homicidio en una revuelta.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Y viniendo la multitud, comenzó a pedir que hiciese como siempre les había hecho.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Mas los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltase más bien a Barrabás.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos?&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y ellos volvieron a dar voces: ¡Crucifícale!&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aun más: ¡Crucifícale!&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y le vistieron de púrpura, y poniéndole una corona tejida de espinas,&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos!&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Después de haberle escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le pusieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Crucifixión y muerte de Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 27.32–56; Lc. 23.26–49; Jn. 19.17–30)</p><p>	</p><p>	<strong>21 </strong>	Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Era la hora tercera cuando le crucificaron.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDÍOS.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos.&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: ¡Bah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas,&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz.&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciendo, se decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar.&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él le injuriaban.&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	Y algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: Mirad, llama a Elías.&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle.&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	Mas Jesús, dando una gran voz, expiró.&nbsp;</p><p>	<strong>38 </strong>	Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.&nbsp;</p><p>	<strong>39 </strong>	Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>40 </strong>	También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé,&nbsp;</p><p>	<strong>41 </strong>	quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús es sepultado</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 27.57–61; Lc. 23.50–56; Jn. 19.38–42)</p><p>	</p><p>	<strong>42 </strong>	Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo,*&nbsp;</p><p>	<strong>43 </strong>	José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.&nbsp;</p><p>	<strong>44 </strong>	Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto.&nbsp;</p><p>	<strong>45 </strong>	E informado por el centurión, dio el cuerpo a José,&nbsp;</p><p>	<strong>46 </strong>	el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.&nbsp;</p><p>	<strong>47 </strong>	Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían.&nbsp;</p><p><br></p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/marcos-capitulo-15]]></link><guid isPermaLink="false">ad6a93c3-3108-47ed-9b18-80fc5881fd09</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Tue, 13 Jul 2021 18:50:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/debd05ce-1373-4d78-a0fa-b60a12534437/43-san-marcos-15.mp3" length="6935059" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>06:59</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Marcos capítulo 14</title><itunes:title>Marcos capítulo 14</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús es ungido en Betania</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 26.6–13; Jn. 12.1–8)</p><p>	</p><p>	<strong>3 </strong>	Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza.&nbsp;</p><p>	<strong>4 </strong>	Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume?&nbsp;</p><p>	<strong>5 </strong>	Porque podía haberse vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella.&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>Judas ofrece entregar a Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 26.14–16; Lc. 22.3–6)</p><p>	</p><p>	<strong>10 </strong>	Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Ellos, al oírlo, se alegraron, y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba oportunidad para entregarle.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Institución de la Cena del Señor</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 26.17–29; Lc. 22.7–23; Jn. 13.21–30; 1 Co. 11.23–26)</p><p>	</p><p>	<strong>12 </strong>	El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando sacrificaban el cordero de la pascua, sus discípulos le dijeron: ¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la pascua?&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y envió dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle,&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos?&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad para nosotros allí.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Fueron sus discípulos y entraron en la ciudad, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y cuando llegó la noche, vino él con los doce.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle uno por uno: ¿Seré yo? Y el otro: ¿Seré yo?&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	El, respondiendo, les dijo: Es uno de los doce, el que moja conmigo en el plato.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús anuncia la negación de Pedro</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt....]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús es ungido en Betania</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 26.6–13; Jn. 12.1–8)</p><p>	</p><p>	<strong>3 </strong>	Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza.&nbsp;</p><p>	<strong>4 </strong>	Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume?&nbsp;</p><p>	<strong>5 </strong>	Porque podía haberse vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella.&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>Judas ofrece entregar a Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 26.14–16; Lc. 22.3–6)</p><p>	</p><p>	<strong>10 </strong>	Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Ellos, al oírlo, se alegraron, y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba oportunidad para entregarle.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Institución de la Cena del Señor</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 26.17–29; Lc. 22.7–23; Jn. 13.21–30; 1 Co. 11.23–26)</p><p>	</p><p>	<strong>12 </strong>	El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando sacrificaban el cordero de la pascua, sus discípulos le dijeron: ¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la pascua?&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y envió dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle,&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos?&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad para nosotros allí.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Fueron sus discípulos y entraron en la ciudad, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y cuando llegó la noche, vino él con los doce.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle uno por uno: ¿Seré yo? Y el otro: ¿Seré yo?&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	El, respondiendo, les dijo: Es uno de los doce, el que moja conmigo en el plato.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús anuncia la negación de Pedro</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 26.30–35; Lc. 22.31–34; Jn. 13.36–38)</p><p>	</p><p>	<strong>26 </strong>	Cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Entonces Jesús les dijo: Todos os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas serán dispersadas.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	Entonces Pedro le dijo: Aunque todos se escandalicen, yo no.&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	Y le dijo Jesús: De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces.&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	Mas él con mayor insistencia decía: Si me fuere necesario morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús ora en Getsemaní</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 26.36–46; Lc. 22.39–46)</p><p>	</p><p>	<strong>32 </strong>	Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro.&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse.&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad.&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora.&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú.&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	Vino luego y los halló durmiendo; y dijo a Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora?&nbsp;</p><p>	<strong>38 </strong>	Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.&nbsp;</p><p>	<strong>39 </strong>	Otra vez fue y oró, diciendo las mismas palabras.&nbsp;</p><p>	<strong>40 </strong>	Al volver, otra vez los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño; y no sabían qué responderle.&nbsp;</p><p>	<strong>41 </strong>	Vino la tercera vez, y les dijo: Dormid ya, y descansad. Basta, la hora ha venido; he aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores.&nbsp;</p><p>	<strong>42 </strong>	Levantaos, vamos; he aquí, se acerca el que me entrega.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Arresto de Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 26.47–56; Lc. 22.47–53; Jn. 18.2–11)</p><p>	</p><p>	<strong>43 </strong>	Luego, hablando él aún, vino Judas, que era uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los escribas y de los ancianos.&nbsp;</p><p>	<strong>44 </strong>	Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle, y llevadle con seguridad.&nbsp;</p><p>	<strong>45 </strong>	Y cuando vino, se acercó luego a él, y le dijo: Maestro, Maestro. Y le besó.&nbsp;</p><p>	<strong>46 </strong>	Entonces ellos le echaron mano, y le prendieron.&nbsp;</p><p>	<strong>47 </strong>	Pero uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja.&nbsp;</p><p>	<strong>48 </strong>	Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme?&nbsp;</p><p>	<strong>49 </strong>	Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis; pero es así, para que se cumplan las Escrituras.&nbsp;</p><p>	<strong>50 </strong>	Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El joven que huyó</strong></p><p>	</p><p><strong>	51 	</strong>Pero cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una sábana; y le prendieron;</p><p><br></p><p><strong>	52 	</strong>mas él, dejando la sábana, huyó desnudo.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús ante el concilio</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 26.57–68; Lc. 22.54–55, 63–71; Lc. 22.54–55, 63–71, Jn. 18.12–14, 19–24)</p><p>	</p><p>	<strong>53 </strong>	Trajeron, pues, a Jesús al sumo sacerdote; y se reunieron todos los principales sacerdotes y los ancianos y los escribas.&nbsp;</p><p>	<strong>54 </strong>	Y Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote; y estaba sentado con los alguaciles, calentándose al fuego.&nbsp;</p><p>	<strong>55 </strong>	Y los principales sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte; pero no lo hallaban.&nbsp;</p><p>	<strong>56 </strong>	Porque muchos decían falso testimonio contra él, mas sus testimonios no concordaban.&nbsp;</p><p>	<strong>57 </strong>	Entonces levantándose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo:&nbsp;</p><p>	<strong>58 </strong>	Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo hecho a mano, y en tres días edificaré otro hecho sin mano.&nbsp;</p><p>	<strong>59 </strong>	Pero ni aun así concordaban en el testimonio.&nbsp;</p><p>	<strong>60 </strong>	Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti?&nbsp;</p><p>	<strong>61 </strong>	Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?&nbsp;</p><p>	<strong>62 </strong>	Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.&nbsp;</p><p>	<strong>63 </strong>	Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura, dijo: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos?&nbsp;</p><p>	<strong>64 </strong>	Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece? Y todos ellos le condenaron, declarándole ser digno de muerte.&nbsp;</p><p>	<strong>65 </strong>	Y algunos comenzaron a escupirle, y a cubrirle el rostro y a darle de puñetazos, y a decirle: Profetiza. Y los alguaciles le daban de bofetadas.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Pedro niega a Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 26.69–75; Lc. 22.55–62; Jn. 18.15–18, 25–27)</p><p>	</p><p>	<strong>66 </strong>	Estando Pedro abajo, en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote;&nbsp;</p><p>	<strong>67 </strong>	y cuando vio a Pedro que se calentaba, mirándole, dijo: Tú también estabas con Jesús el nazareno.&nbsp;</p><p>	<strong>68 </strong>	Mas él negó, diciendo: No le conozco, ni sé lo que dices. Y salió a la entrada; y cantó el gallo.&nbsp;</p><p>	<strong>69 </strong>	Y la criada, viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban allí: Este es de ellos.&nbsp;</p><p>	<strong>70 </strong>	Pero él negó otra vez. Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos.&nbsp;</p><p>	<strong>71 </strong>	Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco a este hombre de quien habláis.&nbsp;</p><p>	<strong>72 </strong>	Y el gallo cantó la segunda vez. Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto, lloraba.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/marcos-capitulo-14]]></link><guid isPermaLink="false">2083562a-e8ff-46bc-9af2-557e80971da1</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Tue, 13 Jul 2021 18:49:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/8bdf2f66-ae23-41d5-88e7-e29519532672/42-san-marcos-14.mp3" length="12278667" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>12:33</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Marcos capítulo 13</title><itunes:title>Marcos capítulo 13</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús predice la destrucción del templo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 24.1–2; Lc. 21.5–6)</p><p>	Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Jesús, respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Señales antes del fin</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 24.3–28; Lc. 21.7–24; 17.22–24)</p><p>	</p><p>	<strong>3 </strong>	Y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo. Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte:&nbsp;</p><p>	<strong>4 </strong>	Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?&nbsp;</p><p>	<strong>5 </strong>	Jesús, respondiéndoles, comenzó a decir: Mirad que nadie os engañe;&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a muchos.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Mas cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis, porque es necesario que suceda así; pero aún no es el fin.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores son estos.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Pero mirad por vosotros mismos; porque os entregarán a los concilios, y en las sinagogas os azotarán; y delante de gobernadores y de reyes os llevarán por causa de mí, para testimonio a ellos.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Y el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Pero cuando veáis la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, puesta donde no debe estar (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	El que esté en la azotea, no descienda a la casa, ni entre para tomar algo de su casa;&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días!&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno;&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	porque aquellos días serán de tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta este tiempo, ni la habrá.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos que él escogió, acortó aquellos días.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Entonces si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo; o, mirad, allí está, no le creáis.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Mas vosotros mirad; os lo he dicho todo antes.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La venida del Hijo del Hombre</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 24.29–35, 42–44; Lc. 21.25–36)</p><p>	</p><p>	<strong>24 </strong>	Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor,&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	y las...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús predice la destrucción del templo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 24.1–2; Lc. 21.5–6)</p><p>	Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Jesús, respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Señales antes del fin</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 24.3–28; Lc. 21.7–24; 17.22–24)</p><p>	</p><p>	<strong>3 </strong>	Y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo. Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte:&nbsp;</p><p>	<strong>4 </strong>	Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?&nbsp;</p><p>	<strong>5 </strong>	Jesús, respondiéndoles, comenzó a decir: Mirad que nadie os engañe;&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a muchos.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Mas cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis, porque es necesario que suceda así; pero aún no es el fin.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores son estos.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Pero mirad por vosotros mismos; porque os entregarán a los concilios, y en las sinagogas os azotarán; y delante de gobernadores y de reyes os llevarán por causa de mí, para testimonio a ellos.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Y el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Pero cuando veáis la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, puesta donde no debe estar (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	El que esté en la azotea, no descienda a la casa, ni entre para tomar algo de su casa;&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días!&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno;&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	porque aquellos días serán de tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta este tiempo, ni la habrá.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos que él escogió, acortó aquellos días.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Entonces si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo; o, mirad, allí está, no le creáis.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Mas vosotros mirad; os lo he dicho todo antes.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La venida del Hijo del Hombre</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 24.29–35, 42–44; Lc. 21.25–36)</p><p>	</p><p>	<strong>24 </strong>	Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor,&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	y las estrellas caerán del cielo, y las potencias que están en los cielos serán conmovidas.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Y entonces enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo.&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase.&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana;&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo.&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/marcos-capitulo-13]]></link><guid isPermaLink="false">49783bf1-5cbc-4bb4-9d14-b198a2b7b35c</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Fri, 09 Jul 2021 09:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/dd86c27c-c965-4eab-bc5f-468e7dfc81a1/41-san-marcos-13.mp3" length="6028087" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>06:02</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Marcos capítulo 12</title><itunes:title>Marcos capítulo 12</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Los labradores malvados</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 21.33–46; Lc. 20.9–19)</p><p>	Entonces comenzó Jesús a decirles por parábolas: Un hombre plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que recibiese de éstos del fruto de la viña.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Mas ellos, tomándole, le golpearon, y le enviaron con las manos vacías.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Volvió a enviarles otro siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le enviaron afrentado.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Volvió a enviar otro, y a éste mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Por último, teniendo aún un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Y tomándole, le mataron, y le echaron fuera de la viña.</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores, y dará su viña a otros.</p><p><br></p><p>	<strong>10 </strong>	¿Ni aun esta escritura habéis leído:&nbsp;</p><p>La piedra que desecharon los edificadores&nbsp;</p><p>Ha venido a ser cabeza del ángulo;&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	El Señor ha hecho esto,&nbsp;</p><p>Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Y procuraban prenderle, porque entendían que decía contra ellos aquella parábola; pero temían a la multitud, y dejándole, se fueron.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La cuestión del tributo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 22.15–22; Lc. 20.20–26)</p><p>	</p><p>	<strong>13 </strong>	Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos?&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Mas él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La pregunta sobre la resurrección</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 22.23–33; Lc. 20.27–40)</p><p>	</p><p>	<strong>18 </strong>	Entonces vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo:&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Maestro, Moisés nos escribió que si el hermano de alguno muriere y dejare esposa, pero no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Hubo siete hermanos; el primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Y el segundo se casó con ella, y murió, y tampoco dejó descendencia; y el tercero, de la misma manera.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y así los siete, y no dejaron descendencia; y después de todos murió también la mujer.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	En la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será ella mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer?&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Los labradores malvados</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 21.33–46; Lc. 20.9–19)</p><p>	Entonces comenzó Jesús a decirles por parábolas: Un hombre plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que recibiese de éstos del fruto de la viña.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Mas ellos, tomándole, le golpearon, y le enviaron con las manos vacías.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Volvió a enviarles otro siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le enviaron afrentado.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Volvió a enviar otro, y a éste mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Por último, teniendo aún un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Y tomándole, le mataron, y le echaron fuera de la viña.</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores, y dará su viña a otros.</p><p><br></p><p>	<strong>10 </strong>	¿Ni aun esta escritura habéis leído:&nbsp;</p><p>La piedra que desecharon los edificadores&nbsp;</p><p>Ha venido a ser cabeza del ángulo;&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	El Señor ha hecho esto,&nbsp;</p><p>Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Y procuraban prenderle, porque entendían que decía contra ellos aquella parábola; pero temían a la multitud, y dejándole, se fueron.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La cuestión del tributo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 22.15–22; Lc. 20.20–26)</p><p>	</p><p>	<strong>13 </strong>	Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos?&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Mas él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La pregunta sobre la resurrección</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 22.23–33; Lc. 20.27–40)</p><p>	</p><p>	<strong>18 </strong>	Entonces vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo:&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Maestro, Moisés nos escribió que si el hermano de alguno muriere y dejare esposa, pero no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Hubo siete hermanos; el primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Y el segundo se casó con ella, y murió, y tampoco dejó descendencia; y el tercero, de la misma manera.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y así los siete, y no dejaron descendencia; y después de todos murió también la mujer.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	En la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será ella mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer?&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios?&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El gran mandamiento</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 22.34–40)</p><p>	</p><p>	<strong>28 </strong>	Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos?&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él;&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios.&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>¿De quién es hijo el Cristo?</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 22.41–46; Lc. 20.41–44)</p><p>	</p><p>	<strong>35 </strong>	Enseñando Jesús en el templo, decía: ¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David?&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo:&nbsp;</p><p>Dijo el Señor a mi Señor:&nbsp;</p><p>Siéntate a mi diestra,&nbsp;</p><p>Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies.&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	David mismo le llama Señor; ¿cómo, pues, es su hijo? Y gran multitud del pueblo le oía de buena gana.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús acusa a los escribas</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 23.1–36; Lc. 11.37–54; 20.45–47)</p><p>	</p><p>	<strong>38 </strong>	Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas, que gustan de andar con largas ropas, y aman las salutaciones en las plazas,&nbsp;</p><p>	<strong>39 </strong>	y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;&nbsp;</p><p>	<strong>40 </strong>	que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor condenación.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La ofrenda de la viuda</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 21.1–4)</p><p>	</p><p>	<strong>41 </strong>	Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho.&nbsp;</p><p>	<strong>42 </strong>	Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante.&nbsp;</p><p>	<strong>43 </strong>	Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca;&nbsp;</p><p>	<strong>44 </strong>	porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/marcos-capitulo-12]]></link><guid isPermaLink="false">551769de-d275-4ecd-a25a-3874103b66dc</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Thu, 08 Jul 2021 18:41:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/4a2cffea-43d5-4724-bd40-619bc6483a81/40-san-marcos-12.mp3" length="8182667" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>08:17</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Marcos capítulo 11</title><itunes:title>Marcos capítulo 11</itunes:title><description><![CDATA[<p>	Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos,</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino?</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino.</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!</p><p><br></p><p>	<strong>10 </strong>	¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Maldición de la higuera estéril</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 21.18–19)</p><p>	</p><p>	<strong>12 </strong>	Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Purificación del templo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 21.12–17; Lc. 19.45–48; Jn. 2.13–22)</p><p>	</p><p>	<strong>15 </strong>	Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La higuera maldecida se seca</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 21.19–22)</p><p>	</p><p>	<strong>20 </strong>	Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Y cuando estéis orando, perdonad, si...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p>	Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos,</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino?</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino.</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!</p><p><br></p><p>	<strong>10 </strong>	¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Maldición de la higuera estéril</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 21.18–19)</p><p>	</p><p>	<strong>12 </strong>	Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Purificación del templo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 21.12–17; Lc. 19.45–48; Jn. 2.13–22)</p><p>	</p><p>	<strong>15 </strong>	Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La higuera maldecida se seca</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 21.19–22)</p><p>	</p><p>	<strong>20 </strong>	Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La autoridad de Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 21.23–27; Lc. 20.1–8)</p><p>	</p><p>	<strong>27 </strong>	Volvieron entonces a Jerusalén; y andando él por el templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos,&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas?&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	Jesús, respondiendo, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme, y os diré con qué autoridad hago estas cosas.&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme.&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	¿Y si decimos, de los hombres...? Pero temían al pueblo, pues todos tenían a Juan como un verdadero profeta.&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	Así que, respondiendo, dijeron a Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/marcos-capitulo-11]]></link><guid isPermaLink="false">6b86aba9-a9db-4449-b03b-dcce2226ee3c</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Thu, 08 Jul 2021 18:40:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/52b39587-3c36-4975-91da-e17a79d77bd5/39-san-marcos-11.mp3" length="5742621" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>05:44</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Marcos capítulo 10</title><itunes:title>Marcos capítulo 10</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús enseña sobre el divorcio</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 19.1–12; Lc. 16.18)</p><p>	Levantándose de allí, vino a la región de Judea y al otro lado del Jordán; y volvió el pueblo a juntarse a él, y de nuevo les enseñaba como solía.&nbsp;</p><p>	<strong>2 </strong>	Y se acercaron los fariseos y le preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar a su mujer.&nbsp;</p><p>	<strong>3 </strong>	El, respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés?&nbsp;</p><p>	<strong>4 </strong>	Ellos dijeron: Moisés permitió dar carta de divorcio, y repudiarla.&nbsp;</p><p>	<strong>5 </strong>	Y respondiendo Jesús, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento;&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer,&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	En casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo,&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella;&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús bendice a los niños</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 19.13–15; Lc. 18.15–17)</p><p>	</p><p>	<strong>13 </strong>	Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El joven rico</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 19.16–30; Lc. 18.18–30)</p><p>	</p><p>	<strong>17 </strong>	Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas!&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Ellos se asombraban aun más, diciendo entre sí: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús enseña sobre el divorcio</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 19.1–12; Lc. 16.18)</p><p>	Levantándose de allí, vino a la región de Judea y al otro lado del Jordán; y volvió el pueblo a juntarse a él, y de nuevo les enseñaba como solía.&nbsp;</p><p>	<strong>2 </strong>	Y se acercaron los fariseos y le preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar a su mujer.&nbsp;</p><p>	<strong>3 </strong>	El, respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés?&nbsp;</p><p>	<strong>4 </strong>	Ellos dijeron: Moisés permitió dar carta de divorcio, y repudiarla.&nbsp;</p><p>	<strong>5 </strong>	Y respondiendo Jesús, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento;&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer,&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	En casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo,&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella;&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús bendice a los niños</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 19.13–15; Lc. 18.15–17)</p><p>	</p><p>	<strong>13 </strong>	Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El joven rico</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 19.16–30; Lc. 18.18–30)</p><p>	</p><p>	<strong>17 </strong>	Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas!&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Ellos se asombraban aun más, diciendo entre sí: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio,&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Nuevamente Jesús anuncia su muerte</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 20.17–19; Lc. 18.31–34)</p><p>	</p><p>	<strong>32 </strong>	Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer:&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles;&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Petición de Santiago y de Juan</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 20.20–28)</p><p>	</p><p>	<strong>35 </strong>	Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos.&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	El les dijo: ¿Qué queréis que os haga?&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.&nbsp;</p><p>	<strong>38 </strong>	Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?&nbsp;</p><p>	<strong>39 </strong>	Ellos dijeron: Podemos. Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados;&nbsp;</p><p>	<strong>40 </strong>	pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado.&nbsp;</p><p>	<strong>41 </strong>	Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan.&nbsp;</p><p>	<strong>42 </strong>	Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad.&nbsp;</p><p>	<strong>43 </strong>	Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,&nbsp;</p><p>	<strong>44 </strong>	y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos.&nbsp;</p><p>	<strong>45 </strong>	Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El ciego Bartimeo recibe la vista</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 20.29–34; Lc. 18.35–43)</p><p>	</p><p>	<strong>46 </strong>	Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando.&nbsp;</p><p>	<strong>47 </strong>	Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!&nbsp;</p><p>	<strong>48 </strong>	Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!&nbsp;</p><p>	<strong>49 </strong>	Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama.&nbsp;</p><p>	<strong>50 </strong>	El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús.&nbsp;</p><p>	<strong>51 </strong>	Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista.&nbsp;</p><p>	<strong>52 </strong>	Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/marcos-capitulo-10]]></link><guid isPermaLink="false">896a70c8-c80c-481a-a8a1-167dd52a2800</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Thu, 08 Jul 2021 18:39:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/200b84bd-e151-4ee0-b3dd-3ddebadbb059/38-san-marcos-10.mp3" length="8833011" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>08:57</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Marcos capítulo 09</title><itunes:title>Marcos capítulo 09</itunes:title><description><![CDATA[<p>	<strong>9:1 </strong>	También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>La transfiguración</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 17.1–13; Lc. 9.28–36)</p><p>	</p><p>	<strong>2 </strong>	Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos.&nbsp;</p><p>	<strong>3 </strong>	Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.&nbsp;</p><p>	<strong>4 </strong>	Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús.&nbsp;</p><p>	<strong>5 </strong>	Entonces Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	Porque no sabía lo que hablaba, pues estaban espantados.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Y luego, cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Y guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué sería aquello de resucitar de los muertos.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las cosas; ¿y cómo está escrito del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada?&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Pero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús sana a un muchacho endemoniado</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 17.14–21; Lc. 9.37–43)</p><p>	</p><p>	<strong>14 </strong>	Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	El les preguntó: ¿Qué disputáis con ellos?&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo,&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Entonces el...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p>	<strong>9:1 </strong>	También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>La transfiguración</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 17.1–13; Lc. 9.28–36)</p><p>	</p><p>	<strong>2 </strong>	Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos.&nbsp;</p><p>	<strong>3 </strong>	Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.&nbsp;</p><p>	<strong>4 </strong>	Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús.&nbsp;</p><p>	<strong>5 </strong>	Entonces Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	Porque no sabía lo que hablaba, pues estaban espantados.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Y luego, cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Y guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué sería aquello de resucitar de los muertos.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las cosas; ¿y cómo está escrito del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada?&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Pero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús sana a un muchacho endemoniado</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 17.14–21; Lc. 9.37–43)</p><p>	</p><p>	<strong>14 </strong>	Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	El les preguntó: ¿Qué disputáis con ellos?&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo,&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús anuncia otra vez su muerte</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 17.22–23; Lc. 9.43–45)</p><p>	</p><p>	<strong>30 </strong>	Habiendo salido de allí, caminaron por Galilea; y no quería que nadie lo supiese.&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día.&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>¿Quién es el mayor?</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 18.1–5; Lc. 9.46–48)</p><p>	</p><p>	<strong>33 </strong>	Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor.&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	Y tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo:&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El que no es contra nosotros, por nosotros es</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 9.49–50)</p><p>	</p><p>	<strong>38 </strong>	Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía.&nbsp;</p><p>	<strong>39 </strong>	Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí.&nbsp;</p><p>	<strong>40 </strong>	Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.&nbsp;</p><p>	<strong>41 </strong>	Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>Ocasiones de caer</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 18.6–9; Lc. 17.1–2)</p><p>	</p><p>	<strong>42 </strong>	Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar.&nbsp;</p><p>	<strong>43 </strong>	Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado,&nbsp;</p><p>	<strong>44 </strong>	donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.&nbsp;</p><p>	<strong>45 </strong>	Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado,&nbsp;</p><p>	<strong>46 </strong>	donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.&nbsp;</p><p>	<strong>47 </strong>	Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno,&nbsp;</p><p>	<strong>48 </strong>	donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.&nbsp;</p><p>	<strong>49 </strong>	Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.&nbsp;</p><p>	<strong>50 </strong>	Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center">RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/marcos-capitulo-09]]></link><guid isPermaLink="false">c90eb3f1-d44a-46c5-b411-eb20ac9204ca</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Mon, 05 Jul 2021 11:21:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/043037db-0f00-4415-93cf-39662f0e4381/37-san-marcos-09.mp3" length="8328952" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>08:26</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Marcos capítulo 08</title><itunes:title>Marcos capítulo 08</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Alimentación de los cuatro mil</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 15.32–39)</p><p>	En aquellos días, como había una gran multitud, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo:</p><p>	<strong>2 </strong>	Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer;</p><p>	<strong>3 </strong>	y si los enviare en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos.</p><p>	<strong>4 </strong>	Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?</p><p>	<strong>5 </strong>	El les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete.</p><p>	<strong>6 </strong>	Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante de la multitud.</p><p>	<strong>7 </strong>	Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante.</p><p>	<strong>8 </strong>	Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas.</p><p>	<strong>9 </strong>	Eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió.</p><p>	<strong>10 </strong>	Y luego entrando en la barca con sus discípulos, vino a la región de Dalmanuta.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>La demanda de una señal</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 16.1–4; Lc. 12.54–56)</p><p>	</p><p>	<strong>11 </strong>	Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole señal del cielo, para tentarle.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y dejándolos, volvió a entrar en la barca, y se fue a la otra ribera.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La levadura de los fariseos</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 16.5–12)</p><p>	</p><p>	<strong>14 </strong>	Habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis?&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Un ciego sanado en Betsaida</strong></p><p>	</p><p><strong>	22 	</strong>Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase.</p><p><br></p><p><strong>	23 	</strong>Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo.</p><p><br></p><p><strong>	24 	</strong>El, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan.</p><p><br></p><p><strong>	25 	</strong>Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.</p><p><br></p><p><strong>	26 	</strong>Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La confesión de Pedro</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 16.13–20;...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Alimentación de los cuatro mil</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 15.32–39)</p><p>	En aquellos días, como había una gran multitud, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo:</p><p>	<strong>2 </strong>	Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer;</p><p>	<strong>3 </strong>	y si los enviare en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos.</p><p>	<strong>4 </strong>	Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?</p><p>	<strong>5 </strong>	El les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete.</p><p>	<strong>6 </strong>	Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante de la multitud.</p><p>	<strong>7 </strong>	Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante.</p><p>	<strong>8 </strong>	Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas.</p><p>	<strong>9 </strong>	Eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió.</p><p>	<strong>10 </strong>	Y luego entrando en la barca con sus discípulos, vino a la región de Dalmanuta.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>La demanda de una señal</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 16.1–4; Lc. 12.54–56)</p><p>	</p><p>	<strong>11 </strong>	Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole señal del cielo, para tentarle.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y dejándolos, volvió a entrar en la barca, y se fue a la otra ribera.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La levadura de los fariseos</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 16.5–12)</p><p>	</p><p>	<strong>14 </strong>	Habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis?&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Un ciego sanado en Betsaida</strong></p><p>	</p><p><strong>	22 	</strong>Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase.</p><p><br></p><p><strong>	23 	</strong>Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo.</p><p><br></p><p><strong>	24 	</strong>El, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan.</p><p><br></p><p><strong>	25 	</strong>Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.</p><p><br></p><p><strong>	26 	</strong>Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La confesión de Pedro</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 16.13–20; Lc. 9.18–21)</p><p>	</p><p>	<strong>27 </strong>	Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo.&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	Pero él les mandó que no dijesen esto de él a ninguno.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús anuncia su muerte</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 16.21–28; Lc. 9.22–27)</p><p>	</p><p>	<strong>31 </strong>	Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	Esto les decía claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a reconvenirle.&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?&nbsp;</p><p>	<strong>38 </strong>	Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/marcos-capitulo-07]]></link><guid isPermaLink="false">0fa8a530-eeca-4eb9-916d-4897b33e8bec</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Sun, 04 Jul 2021 10:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/838f9cdb-c551-4465-ae6b-612cd9d5201b/35-san-marcos-07.mp3" length="6129651" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>06:08</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Marcos capítulo 07</title><itunes:title>Marcos capítulo 07</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Alimentación de los cuatro mil</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 15.32–39)</p><p>	En aquellos días, como había una gran multitud, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo:</p><p>	<strong>2 </strong>	Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer;</p><p>	<strong>3 </strong>	y si los enviare en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos.</p><p>	<strong>4 </strong>	Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?</p><p>	<strong>5 </strong>	El les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete.</p><p>	<strong>6 </strong>	Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante de la multitud.</p><p>	<strong>7 </strong>	Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante.</p><p>	<strong>8 </strong>	Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas.</p><p>	<strong>9 </strong>	Eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió.</p><p>	<strong>10 </strong>	Y luego entrando en la barca con sus discípulos, vino a la región de Dalmanuta.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>La demanda de una señal</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 16.1–4; Lc. 12.54–56)</p><p>	</p><p>	<strong>11 </strong>	Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole señal del cielo, para tentarle.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y dejándolos, volvió a entrar en la barca, y se fue a la otra ribera.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>La levadura de los fariseos</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 16.5–12)</p><p>	</p><p>	<strong>14 </strong>	Habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis?&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Un ciego sanado en Betsaida</strong></p><p>	</p><p><strong>	22 	</strong>Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase.</p><p><br></p><p><strong>	23 	</strong>Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo.</p><p><br></p><p><strong>	24 	</strong>El, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan.</p><p><br></p><p><strong>	25 	</strong>Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.</p><p><br></p><p><strong>	26 	</strong>Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La confesión de Pedro</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 16.13–20; Lc....]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Alimentación de los cuatro mil</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 15.32–39)</p><p>	En aquellos días, como había una gran multitud, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo:</p><p>	<strong>2 </strong>	Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer;</p><p>	<strong>3 </strong>	y si los enviare en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos.</p><p>	<strong>4 </strong>	Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?</p><p>	<strong>5 </strong>	El les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete.</p><p>	<strong>6 </strong>	Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante de la multitud.</p><p>	<strong>7 </strong>	Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante.</p><p>	<strong>8 </strong>	Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas.</p><p>	<strong>9 </strong>	Eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió.</p><p>	<strong>10 </strong>	Y luego entrando en la barca con sus discípulos, vino a la región de Dalmanuta.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>La demanda de una señal</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 16.1–4; Lc. 12.54–56)</p><p>	</p><p>	<strong>11 </strong>	Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole señal del cielo, para tentarle.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y dejándolos, volvió a entrar en la barca, y se fue a la otra ribera.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>La levadura de los fariseos</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 16.5–12)</p><p>	</p><p>	<strong>14 </strong>	Habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis?&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Un ciego sanado en Betsaida</strong></p><p>	</p><p><strong>	22 	</strong>Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase.</p><p><br></p><p><strong>	23 	</strong>Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo.</p><p><br></p><p><strong>	24 	</strong>El, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan.</p><p><br></p><p><strong>	25 	</strong>Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.</p><p><br></p><p><strong>	26 	</strong>Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La confesión de Pedro</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 16.13–20; Lc. 9.18–21)</p><p>	</p><p>	<strong>27 </strong>	Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo.&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	Pero él les mandó que no dijesen esto de él a ninguno.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús anuncia su muerte</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 16.21–28; Lc. 9.22–27)</p><p>	</p><p>	<strong>31 </strong>	Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	Esto les decía claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a reconvenirle.&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?&nbsp;</p><p>	<strong>38 </strong>	Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/marcos-capitulo-07]]></link><guid isPermaLink="false">b97f6b01-0a40-4dd7-9342-24c63377cb96</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Sun, 04 Jul 2021 10:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/4f1a19a9-b18e-4c12-9e40-06e77b3f4666/35-san-marcos-07.mp3" length="6129651" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>06:08</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Marcos capítulo 06</title><itunes:title>Marcos capítulo 06</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús en Nazaret</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 13.53–58; Lc. 4.16–30)</p><p>	Salió Jesús de allí y vino a su tierra, y le seguían sus discípulos.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Y llegado el día de reposo,* comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos?</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Misión de los doce discípulos</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 10.5–15; Lc. 9.1–6)</p><p>	</p><p>	<strong>7 </strong>	Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente bordón; ni alforja, ni pan, ni dinero en el cinto,&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	sino que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Y les dijo: Dondequiera que entréis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de aquel lugar.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Y si en algún lugar no os recibieren ni os oyeren, salid de allí, y sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, para testimonio a ellos. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para los de Sodoma y Gomorra, que para aquella ciudad.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Muerte de Juan el Bautista</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 14.1–12; Lc. 9.7–9)</p><p>	</p><p>	<strong>14 </strong>	Oyó el rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre se había hecho notorio; y dijo: Juan el Bautista ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Otros decían: Es Elías. Y otros decían: Es un profeta, o alguno de los profetas.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Al oír esto Herodes, dijo: Este es Juan, el que yo decapité, que ha resucitado de los muertos.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Porque el mismo Herodes había enviado y prendido a Juan, y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Pero Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podía;&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de buena gana.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Pero venido un día oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su cumpleaños, daba una cena a sus príncipes y tribunos y a los principales de Galilea,&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	entrando la hija de Herodías, danzó, y agradó a Herodes y a los que estaban con él a la mesa; y el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Y le juró: Todo lo que me pidas te daré, hasta la mitad de mi reino.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús en Nazaret</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 13.53–58; Lc. 4.16–30)</p><p>	Salió Jesús de allí y vino a su tierra, y le seguían sus discípulos.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Y llegado el día de reposo,* comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos?</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Misión de los doce discípulos</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 10.5–15; Lc. 9.1–6)</p><p>	</p><p>	<strong>7 </strong>	Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente bordón; ni alforja, ni pan, ni dinero en el cinto,&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	sino que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Y les dijo: Dondequiera que entréis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de aquel lugar.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Y si en algún lugar no os recibieren ni os oyeren, salid de allí, y sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, para testimonio a ellos. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para los de Sodoma y Gomorra, que para aquella ciudad.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Muerte de Juan el Bautista</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 14.1–12; Lc. 9.7–9)</p><p>	</p><p>	<strong>14 </strong>	Oyó el rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre se había hecho notorio; y dijo: Juan el Bautista ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Otros decían: Es Elías. Y otros decían: Es un profeta, o alguno de los profetas.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Al oír esto Herodes, dijo: Este es Juan, el que yo decapité, que ha resucitado de los muertos.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Porque el mismo Herodes había enviado y prendido a Juan, y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Pero Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podía;&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de buena gana.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Pero venido un día oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su cumpleaños, daba una cena a sus príncipes y tribunos y a los principales de Galilea,&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	entrando la hija de Herodías, danzó, y agradó a Herodes y a los que estaban con él a la mesa; y el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Y le juró: Todo lo que me pidas te daré, hasta la mitad de mi reino.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Saliendo ella, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella le dijo: La cabeza de Juan el Bautista.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Entonces ella entró prontamente al rey, y pidió diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Y el rey se entristeció mucho; pero a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, no quiso desecharla.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Y en seguida el rey, enviando a uno de la guardia, mandó que fuese traída la cabeza de Juan.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	El guarda fue, le decapitó en la cárcel, y trajo su cabeza en un plato y la dio a la muchacha, y la muchacha la dio a su madre.&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	Cuando oyeron esto sus discípulos, vinieron y tomaron su cuerpo, y lo pusieron en un sepulcro.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Alimentación de los cinco mil</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 14.13–21; Lc. 9.10–17; Jn. 6.1–14)</p><p>	</p><p>	<strong>30 </strong>	Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado.&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	El les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer.&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto.&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	Pero muchos los vieron ir, y le reconocieron; y muchos fueron allá a pie desde las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él.&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada.&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan, pues no tienen qué comer.&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	Respondiendo él, les dijo: Dadles vosotros de comer. Ellos le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer?&nbsp;</p><p>	<strong>38 </strong>	El les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces.&nbsp;</p><p>	<strong>39 </strong>	Y les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde.&nbsp;</p><p>	<strong>40 </strong>	Y se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta.&nbsp;</p><p>	<strong>41 </strong>	Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos.&nbsp;</p><p>	<strong>42 </strong>	Y comieron todos, y se saciaron.&nbsp;</p><p>	<strong>43 </strong>	Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró de los peces.&nbsp;</p><p>	<strong>44 </strong>	Y los que comieron eran cinco mil hombres.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús anda sobre el mar</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 14.22–27; Jn. 6.15–21)</p><p>	</p><p>	<strong>45 </strong>	En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud.&nbsp;</p><p>	<strong>46 </strong>	Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar;&nbsp;</p><p>	<strong>47 </strong>	y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra.&nbsp;</p><p>	<strong>48 </strong>	Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles.&nbsp;</p><p>	<strong>49 </strong>	Viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y gritaron;&nbsp;</p><p>	<strong>50 </strong>	porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!&nbsp;</p><p>	<strong>51 </strong>	Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento; y ellos se asombraron en gran manera, y se maravillaban.&nbsp;</p><p>	<strong>52 </strong>	Porque aún no habían entendido lo de los panes, por cuanto estaban endurecidos sus corazones.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús sana a los enfermos en Genesaret</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 14.34–36)</p><p>	</p><p>	<strong>53 </strong>	Terminada la travesía, vinieron a tierra de Genesaret, y arribaron a la orilla.&nbsp;</p><p>	<strong>54 </strong>	Y saliendo ellos de la barca, en seguida la gente le conoció.&nbsp;</p><p>	<strong>55 </strong>	Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron a traer de todas partes enfermos en lechos, a donde oían que estaba.&nbsp;</p><p>	<strong>56 </strong>	Y dondequiera que entraba, en aldeas, ciudades o campos, ponían en las calles a los que estaban enfermos, y le rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que le tocaban quedaban sanos.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/marcos-capitulo-06]]></link><guid isPermaLink="false">05462e11-8183-434e-b3f5-2f38ca3db57b</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Thu, 01 Jul 2021 10:55:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/876bbfdb-2ce1-411b-aeaa-5df67a56e5a4/34-san-marcos-06.mp3" length="9329965" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>09:28</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Marcos capítulo 05</title><itunes:title>Marcos capítulo 05</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>El endemoniado gadareno</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 8.28–34; Lc. 8.26–39)</p><p>	Vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos.</p><p>	<strong>2 </strong>	Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo,</p><p>	<strong>3 </strong>	que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas.</p><p>	<strong>4 </strong>	Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar.</p><p>	<strong>5 </strong>	Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras.</p><p>	<strong>6 </strong>	Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él.</p><p>	<strong>7 </strong>	Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.</p><p>	<strong>8 </strong>	Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo.</p><p>	<strong>9 </strong>	Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos.</p><p>	<strong>10 </strong>	Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región.</p><p>	<strong>11 </strong>	Estaba allí cerca del monte un gran hato de cerdos paciendo.</p><p>	<strong>12 </strong>	Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos.</p><p>	<strong>13 </strong>	Y luego Jesús les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil; y el hato se precipitó en el mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Y los que apacentaban los cerdos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron a ver qué era aquello que había sucedido.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Y les contaron los que lo habían visto, cómo le había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los cerdos.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y comenzaron a rogarle que se fuera de sus contornos.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La hija de Jairo, y la mujer que tocó el manto de Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 9.18–26; Lc. 8.40–56)</p><p>	</p><p>	<strong>21 </strong>	Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies,&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre,&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Porque decía: Si tocare tan solamente su...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>El endemoniado gadareno</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 8.28–34; Lc. 8.26–39)</p><p>	Vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos.</p><p>	<strong>2 </strong>	Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo,</p><p>	<strong>3 </strong>	que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas.</p><p>	<strong>4 </strong>	Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar.</p><p>	<strong>5 </strong>	Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras.</p><p>	<strong>6 </strong>	Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él.</p><p>	<strong>7 </strong>	Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.</p><p>	<strong>8 </strong>	Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo.</p><p>	<strong>9 </strong>	Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos.</p><p>	<strong>10 </strong>	Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región.</p><p>	<strong>11 </strong>	Estaba allí cerca del monte un gran hato de cerdos paciendo.</p><p>	<strong>12 </strong>	Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos.</p><p>	<strong>13 </strong>	Y luego Jesús les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil; y el hato se precipitó en el mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Y los que apacentaban los cerdos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron a ver qué era aquello que había sucedido.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Y les contaron los que lo habían visto, cómo le había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los cerdos.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y comenzaron a rogarle que se fuera de sus contornos.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La hija de Jairo, y la mujer que tocó el manto de Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 9.18–26; Lc. 8.40–56)</p><p>	</p><p>	<strong>21 </strong>	Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies,&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre,&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto.&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente.&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo.&nbsp;</p><p>	<strong>38 </strong>	Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho.&nbsp;</p><p>	<strong>39 </strong>	Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme.&nbsp;</p><p>	<strong>40 </strong>	Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña.&nbsp;</p><p>	<strong>41 </strong>	Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate.&nbsp;</p><p>	<strong>42 </strong>	Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente.&nbsp;</p><p>	<strong>43 </strong>	Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/marcos-capitulo-05]]></link><guid isPermaLink="false">95dde0d5-1068-4829-b223-31f963719792</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Thu, 01 Jul 2021 10:53:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/7af4b9bc-078e-4f94-b959-3acb9b83c1fc/33-san-marcos-05.mp3" length="6589824" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>06:37</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Marcos capítulo 04</title><itunes:title>Marcos capítulo 04</itunes:title><description><![CDATA[<p>	Otra vez comenzó Jesús a enseñar junto al mar, y se reunió alrededor de él mucha gente, tanto que entrando en una barca, se sentó en ella en el mar; y toda la gente estaba en tierra junto al mar.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina:</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar;</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	Entonces les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas;&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas?&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	El sembrador es el que siembra la palabra.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Y éstos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo;&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra,&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Nada oculto que no haya de ser manifestado</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 8.16–18)</p><p>	</p><p>	<strong>21 </strong>	También les dijo: ¿Acaso se trae la luz para ponerla debajo del almud, o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero?&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Si alguno tiene oídos para oír, oiga.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Les dijo también: Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Parábola del crecimiento de la semilla</strong></p><p>	</p><p><strong>	26 	</strong>Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra;</p><p><br></p><p><strong>	27 	</strong>y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p>	Otra vez comenzó Jesús a enseñar junto al mar, y se reunió alrededor de él mucha gente, tanto que entrando en una barca, se sentó en ella en el mar; y toda la gente estaba en tierra junto al mar.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina:</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar;</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	Entonces les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas;&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas?&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	El sembrador es el que siembra la palabra.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Y éstos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo;&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra,&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Nada oculto que no haya de ser manifestado</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 8.16–18)</p><p>	</p><p>	<strong>21 </strong>	También les dijo: ¿Acaso se trae la luz para ponerla debajo del almud, o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero?&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Si alguno tiene oídos para oír, oiga.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Les dijo también: Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Parábola del crecimiento de la semilla</strong></p><p>	</p><p><strong>	26 	</strong>Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra;</p><p><br></p><p><strong>	27 	</strong>y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo.</p><p><br></p><p><strong>	28 	</strong>Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga;</p><p><br></p><p><strong>	29 	</strong>y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Parábola de la semilla de mostaza</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 13.31–32; Lc. 13.18–19)</p><p>	</p><p>	<strong>30 </strong>	Decía también: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos?&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra;&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El uso que Jesús hace de las parábolas</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 13.34–35)</p><p>	</p><p>	<strong>33 </strong>	Con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír.&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús calma la tempestad</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 8.23–27; Lc. 8.22–25)</p><p>	</p><p>	<strong>35 </strong>	Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado.&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas.&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba.&nbsp;</p><p>	<strong>38 </strong>	Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?&nbsp;</p><p>	<strong>39 </strong>	Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.&nbsp;</p><p>	<strong>40 </strong>	Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?&nbsp;</p><p>	<strong>41 </strong>	Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/marcos-capitulo-04]]></link><guid isPermaLink="false">a7d21e9d-3f43-46c6-8ffa-b417c03fa752</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Wed, 30 Jun 2021 13:34:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/44e318ea-57ab-4440-877a-81a73061a8bb/32-san-marcos-04.mp3" length="6402996" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>06:25</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Marcos capítulo 03</title><itunes:title>Marcos capítulo 03</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>El hombre de la mano seca</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 12.9–14; Lc. 6.6–11)</p><p>	Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Y le acechaban para ver si en el día de reposo* le sanaría, a fin de poder acusarle.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo* hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero ellos callaban.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La multitud a la orilla del mar</strong></p><p>	</p><p><strong>	7 	</strong>Mas Jesús se retiró al mar con sus discípulos, y le siguió gran multitud de Galilea. Y de Judea,</p><p><br></p><p><strong>	8 	</strong>de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, y de los alrededores de Tiro y de Sidón, oyendo cuán grandes cosas hacía, grandes multitudes vinieron a él.</p><p><br></p><p><strong>	9 	</strong>Y dijo a sus discípulos que le tuviesen siempre lista la barca, a causa del gentío, para que no le oprimiesen.</p><p><br></p><p><strong>	10 	</strong>Porque había sanado a muchos; de manera que por tocarle, cuantos tenían plagas caían sobre él.</p><p><br></p><p><strong>	11 	</strong>Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.</p><p><br></p><p><strong>	12 	</strong>Mas él les reprendía mucho para que no le descubriesen.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Elección de los doce apóstoles</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 10.1–4; Lc. 6.12–16)</p><p>	</p><p>	<strong>13 </strong>	Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar,&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios:&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro;&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó Boanerges, esto es, Hijos del trueno;&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananista,&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	y Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron a casa.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La blasfemia contra el Espíritu Santo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 12.22–32; Lc. 11.14–23)</p><p>	</p><p>	<strong>20 </strong>	Y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Pero los escribas que habían venido de Jerusalén decían que tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás?&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>El hombre de la mano seca</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 12.9–14; Lc. 6.6–11)</p><p>	Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Y le acechaban para ver si en el día de reposo* le sanaría, a fin de poder acusarle.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo* hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero ellos callaban.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La multitud a la orilla del mar</strong></p><p>	</p><p><strong>	7 	</strong>Mas Jesús se retiró al mar con sus discípulos, y le siguió gran multitud de Galilea. Y de Judea,</p><p><br></p><p><strong>	8 	</strong>de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, y de los alrededores de Tiro y de Sidón, oyendo cuán grandes cosas hacía, grandes multitudes vinieron a él.</p><p><br></p><p><strong>	9 	</strong>Y dijo a sus discípulos que le tuviesen siempre lista la barca, a causa del gentío, para que no le oprimiesen.</p><p><br></p><p><strong>	10 	</strong>Porque había sanado a muchos; de manera que por tocarle, cuantos tenían plagas caían sobre él.</p><p><br></p><p><strong>	11 	</strong>Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.</p><p><br></p><p><strong>	12 	</strong>Mas él les reprendía mucho para que no le descubriesen.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Elección de los doce apóstoles</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 10.1–4; Lc. 6.12–16)</p><p>	</p><p>	<strong>13 </strong>	Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar,&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios:&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro;&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó Boanerges, esto es, Hijos del trueno;&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananista,&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	y Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron a casa.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La blasfemia contra el Espíritu Santo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 12.22–32; Lc. 11.14–23)</p><p>	</p><p>	<strong>20 </strong>	Y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Pero los escribas que habían venido de Jerusalén decían que tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás?&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean;&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno.&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La madre y los hermanos de Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 12.46–50; Lc. 8.19–21)</p><p>	</p><p>	<strong>31 </strong>	Vienen después sus hermanos y su madre, y quedándose afuera, enviaron a llamarle.&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	Y la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo: Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan.&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	El les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos?&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos.&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/marcos-capitulo-03]]></link><guid isPermaLink="false">830d1985-649a-4145-9f7b-3907dc16a839</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Wed, 30 Jun 2021 13:33:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/49ca26e5-668a-4c15-b825-0f404fd0d476/31-san-marcos-03.mp3" length="5244414" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>05:13</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Marcos capítulo 02</title><itunes:title>Marcos capítulo 02</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús sana a un paralítico</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 9.1–8; Lc. 5.17–26)</p><p>	Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones:</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones?</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda?</p><p><br></p><p>	<strong>10 </strong>	Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico):</p><p><br></p><p>	<strong>11 </strong>	A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.</p><p><br></p><p>	<strong>12 </strong>	Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Llamamiento de Leví</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 9.9–13; Lc. 5.27–32)</p><p>	</p><p>	<strong>13 </strong>	Después volvió a salir al mar; y toda la gente venía a él, y les enseñaba.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Y al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos; porque había muchos que le habían seguido.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores?&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La pregunta sobre el ayuno</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 9.14–17; Lc. 5.33–39)</p><p>	</p><p>	<strong>18 </strong>	Y los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunaban; y vinieron, y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el esposo? Entre tanto que tienen consigo al esposo, no pueden ayunar.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.&nbsp;</p><p><br></p><p...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús sana a un paralítico</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 9.1–8; Lc. 5.17–26)</p><p>	Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones:</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones?</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda?</p><p><br></p><p>	<strong>10 </strong>	Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico):</p><p><br></p><p>	<strong>11 </strong>	A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.</p><p><br></p><p>	<strong>12 </strong>	Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Llamamiento de Leví</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 9.9–13; Lc. 5.27–32)</p><p>	</p><p>	<strong>13 </strong>	Después volvió a salir al mar; y toda la gente venía a él, y les enseñaba.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Y al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos; porque había muchos que le habían seguido.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores?&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La pregunta sobre el ayuno</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 9.14–17; Lc. 5.33–39)</p><p>	</p><p>	<strong>18 </strong>	Y los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunaban; y vinieron, y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el esposo? Entre tanto que tienen consigo al esposo, no pueden ayunar.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Los discípulos recogen espigas en el día de reposo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 12.1–8; Lc. 6.1–5)</p><p>	</p><p>	<strong>23 </strong>	Aconteció que al pasar él por los sembrados un día de reposo,* sus discípulos, andando, comenzaron a arrancar espigas.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Entonces los fariseos le dijeron: Mira, ¿por qué hacen en el día de reposo* lo que no es lícito?&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Pero él les dijo: ¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y sintió hambre, él y los que con él estaban;&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aun dio a los que con él estaban?&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	También les dijo: El día de reposo* fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo.*&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.*</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/marcos-capitulo-02]]></link><guid isPermaLink="false">57b93772-3dc8-4f70-ac14-113fb6d04c57</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Tue, 29 Jun 2021 10:41:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/63a48273-6180-4f3a-a5ac-d84d0058519c/30-san-marcos-02.mp3" length="5205961" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>05:11</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Marcos capítulo 01</title><itunes:title>Marcos capítulo 01</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Predicación de Juan el Bautista</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 3.1–12; Lc. 3.1–9, 15–17; Jn. 1.19–28)</p><p>	Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Como está escrito en Isaías el profeta:&nbsp;</p><p>He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz,&nbsp;</p><p>El cual preparará tu camino delante de ti.&nbsp;</p><p>	<strong>3 </strong>	Voz del que clama en el desierto:&nbsp;</p><p>Preparad el camino del Señor;&nbsp;</p><p>Enderezad sus sendas.&nbsp;</p><p>	<strong>4 </strong>	Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados.&nbsp;</p><p>	<strong>5 </strong>	Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El bautismo de Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 3.13–17; Lc. 3.21–22)</p><p>	</p><p>	<strong>9 </strong>	Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Tentación de Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 4.1–11; Lc. 4.1–13)</p><p>	</p><p>	<strong>12 </strong>	Y luego el Espíritu le impulsó al desierto.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús principia su ministerio</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 4.12–17; Lc. 4.14–15)</p><p>	</p><p>	<strong>14 </strong>	Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús llama a cuatro pescadores</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 4.18–22; Lc. 5.1–11)</p><p>	</p><p>	<strong>16 </strong>	Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Y dejando luego sus redes, le siguieron.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Un hombre que tenía un espíritu inmundo</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 4.31–37)</p><p>	</p><p>	<strong>21 </strong>	Y entraron en Capernaum; y los días de reposo,* entrando en la sinagoga, enseñaba.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces,&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Predicación de Juan el Bautista</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 3.1–12; Lc. 3.1–9, 15–17; Jn. 1.19–28)</p><p>	Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Como está escrito en Isaías el profeta:&nbsp;</p><p>He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz,&nbsp;</p><p>El cual preparará tu camino delante de ti.&nbsp;</p><p>	<strong>3 </strong>	Voz del que clama en el desierto:&nbsp;</p><p>Preparad el camino del Señor;&nbsp;</p><p>Enderezad sus sendas.&nbsp;</p><p>	<strong>4 </strong>	Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados.&nbsp;</p><p>	<strong>5 </strong>	Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El bautismo de Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 3.13–17; Lc. 3.21–22)</p><p>	</p><p>	<strong>9 </strong>	Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Tentación de Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 4.1–11; Lc. 4.1–13)</p><p>	</p><p>	<strong>12 </strong>	Y luego el Espíritu le impulsó al desierto.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús principia su ministerio</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 4.12–17; Lc. 4.14–15)</p><p>	</p><p>	<strong>14 </strong>	Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús llama a cuatro pescadores</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 4.18–22; Lc. 5.1–11)</p><p>	</p><p>	<strong>16 </strong>	Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Y dejando luego sus redes, le siguieron.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Un hombre que tenía un espíritu inmundo</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 4.31–37)</p><p>	</p><p>	<strong>21 </strong>	Y entraron en Capernaum; y los días de reposo,* entrando en la sinagoga, enseñaba.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces,&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él!&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Y muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús sana a la suegra de Pedro</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 8.14–15; Lc. 4.38–39)</p><p>	</p><p>	<strong>29 </strong>	Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan.&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	Y la suegra de Simón estaba acostada con fiebre; y en seguida le hablaron de ella.&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	Entonces él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Muchos sanados al ponerse el sol</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 8.16–17; Lc. 4.40–41)</p><p>	</p><p>	<strong>32 </strong>	Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados;&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	y toda la ciudad se agolpó a la puerta.&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús recorre Galilea predicando</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 4.42–44)</p><p>	</p><p>	<strong>35 </strong>	Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	Y le buscó Simón, y los que con él estaban;&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	y hallándole, le dijeron: Todos te buscan.&nbsp;</p><p>	<strong>38 </strong>	El les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido.&nbsp;</p><p>	<strong>39 </strong>	Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús sana a un leproso</strong></p><p class="ql-align-center">(Mt. 8.1–4; Lc. 5.12–16)</p><p>	</p><p>	<strong>40 </strong>	Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme.&nbsp;</p><p>	<strong>41 </strong>	Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio.&nbsp;</p><p>	<strong>42 </strong>	Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio.&nbsp;</p><p>	<strong>43 </strong>	Entonces le encargó rigurosamente, y le despidió luego,&nbsp;</p><p>	<strong>44 </strong>	y le dijo: Mira, no digas a nadie nada, sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos.&nbsp;</p><p>	<strong>45 </strong>	Pero ido él, comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/marcos-capitulo-01]]></link><guid isPermaLink="false">da9a83f8-b6c6-40e6-a167-2d67b447ef9d</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Tue, 29 Jun 2021 10:39:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/5cac7ff9-3177-47d1-b2a8-feab64c8b2e5/29-san-marcos-01.mp3" length="7120632" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>07:10</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo Capítulo 28</title><itunes:title>Evangelio de Mateo Capítulo 28</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>La resurrección</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 16.1–8; Lc. 24.1–12; Jn. 20.1–10)</p><p>	Pasado el día de reposo,* al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos,</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.</p><p><br></p><p>	<strong>10 </strong>	Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El informe de la guardia</strong></p><p>	</p><p><strong>	11 	</strong>Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido.</p><p><br></p><p><strong>	12 	</strong>Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados,</p><p><br></p><p><strong>	13 	</strong>diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.</p><p><br></p><p><strong>	14 	</strong>Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo.</p><p><br></p><p><strong>	15 	</strong>Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La gran comisión</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 16.14–18; Lc. 24.36–49; Jn. 20.19–23)</p><p>	</p><p>	<strong>16 </strong>	Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>La resurrección</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 16.1–8; Lc. 24.1–12; Jn. 20.1–10)</p><p>	Pasado el día de reposo,* al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos,</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.</p><p><br></p><p>	<strong>10 </strong>	Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El informe de la guardia</strong></p><p>	</p><p><strong>	11 	</strong>Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido.</p><p><br></p><p><strong>	12 	</strong>Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados,</p><p><br></p><p><strong>	13 	</strong>diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.</p><p><br></p><p><strong>	14 	</strong>Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo.</p><p><br></p><p><strong>	15 	</strong>Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La gran comisión</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 16.14–18; Lc. 24.36–49; Jn. 20.19–23)</p><p>	</p><p>	<strong>16 </strong>	Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-28]]></link><guid isPermaLink="false">0bc05fac-5bff-45d6-bf88-3f0a597856a5</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Mon, 28 Jun 2021 09:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/5d2f51b1-a6ed-4292-ae7c-e6683011fbf4/28-san-mateo-28.mp3" length="3696293" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>03:36</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo Capítulo 27</title><itunes:title>Evangelio de Mateo Capítulo 27</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Muerte de Judas</strong></p><p>	</p><p><strong>	3 	</strong>Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,</p><p><strong>	4 	</strong>diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!</p><p><br></p><p><strong>	5 	</strong>Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó.</p><p><br></p><p><strong>	6 	</strong>Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre.</p><p><br></p><p><strong>	7 	</strong>Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros.</p><p><br></p><p><strong>	8 	</strong>Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre.</p><p><br></p><p><strong>	9 	</strong>Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel;</p><p><br></p><p><strong>	10 	</strong>y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Pilato interroga a Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 15.2–5; Lc. 23.3–5; Jn. 18.33–38)</p><p>	</p><p>	<strong>11 </strong>	Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y éste le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús sentenciado a muerte</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 15.6–20; Lc. 23.13–25; Jn. 18.38—19.16)</p><p>	</p><p>	<strong>15 </strong>	Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo?&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Porque sabía que por envidia le habían entregado.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado!&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado!&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía;&nbsp;</p><p>	<strong>28...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Muerte de Judas</strong></p><p>	</p><p><strong>	3 	</strong>Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,</p><p><strong>	4 	</strong>diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!</p><p><br></p><p><strong>	5 	</strong>Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó.</p><p><br></p><p><strong>	6 	</strong>Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre.</p><p><br></p><p><strong>	7 	</strong>Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros.</p><p><br></p><p><strong>	8 	</strong>Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre.</p><p><br></p><p><strong>	9 	</strong>Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel;</p><p><br></p><p><strong>	10 	</strong>y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Pilato interroga a Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 15.2–5; Lc. 23.3–5; Jn. 18.33–38)</p><p>	</p><p>	<strong>11 </strong>	Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y éste le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús sentenciado a muerte</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 15.6–20; Lc. 23.13–25; Jn. 18.38—19.16)</p><p>	</p><p>	<strong>15 </strong>	Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo?&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Porque sabía que por envidia le habían entregado.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado!&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado!&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía;&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata,&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza.&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Crucifixión y muerte de Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 15.21–41; Lc. 23.26–49; Jn. 19.17–30)</p><p>	</p><p>	<strong>32 </strong>	Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz.&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera,&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo.&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	Y sentados le guardaban allí.&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS.&nbsp;</p><p>	<strong>38 </strong>	Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda.&nbsp;</p><p>	<strong>39 </strong>	Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza,&nbsp;</p><p>	<strong>40 </strong>	y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.&nbsp;</p><p>	<strong>41 </strong>	De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían:&nbsp;</p><p>	<strong>42 </strong>	A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.&nbsp;</p><p>	<strong>43 </strong>	Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>44 </strong>	Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él.&nbsp;</p><p>	<strong>45 </strong>	Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.&nbsp;</p><p>	<strong>46 </strong>	Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?&nbsp;</p><p>	<strong>47 </strong>	Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste.&nbsp;</p><p>	<strong>48 </strong>	Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber.&nbsp;</p><p>	<strong>49 </strong>	Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle.&nbsp;</p><p>	<strong>50 </strong>	Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.&nbsp;</p><p>	<strong>51 </strong>	Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;&nbsp;</p><p>	<strong>52 </strong>	y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;&nbsp;</p><p>	<strong>53 </strong>	y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.&nbsp;</p><p>	<strong>54 </strong>	El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>55 </strong>	Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole,&nbsp;</p><p>	<strong>56 </strong>	entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús es sepultado</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 15.42–47; Lc. 23.50–56; Jn. 19.38–42)</p><p>	</p><p>	<strong>57 </strong>	Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús.&nbsp;</p><p>	<strong>58 </strong>	Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo.&nbsp;</p><p>	<strong>59 </strong>	Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia,&nbsp;</p><p>	<strong>60 </strong>	y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.&nbsp;</p><p>	<strong>61 </strong>	Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La guardia ante la tumba</strong></p><p>	</p><p><strong>	62 	</strong>Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato,</p><p><br></p><p><strong>	63 	</strong>diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré.</p><p><br></p><p><strong>	64 	</strong>Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero.</p><p><br></p><p><strong>	65 	</strong>Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis.</p><p><br></p><p><strong>	66 	</strong>Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.<strong>&nbsp;</strong></p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-27]]></link><guid isPermaLink="false">f5669c46-e009-4fe0-aeab-6c93b2416e61</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Sun, 27 Jun 2021 09:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/88f75d76-3519-4f20-b505-c9abc1699c1a/27-san-mateo-27.mp3" length="10435885" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>10:37</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo Capítulo 25</title><itunes:title>Evangelio de Mateo Capítulo 25</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Parábola de las diez vírgenes</strong></p><p>	Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo.</p><p>	<strong>2 </strong>	Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas.</p><p><br></p><p>	<strong>10 </strong>	Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.</p><p><br></p><p>	<strong>11 </strong>	Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos!</p><p><br></p><p>	<strong>12 </strong>	Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.</p><p><br></p><p>	<strong>13 </strong>	Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Parábola de los talentos</strong></p><p>	</p><p><strong>	14 	</strong>Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes.</p><p><br></p><p><strong>	15 	</strong>A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos.</p><p><br></p><p><strong>	16 	</strong>Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos.</p><p><br></p><p><strong>	17 	</strong>Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos.</p><p><br></p><p><strong>	18 	</strong>Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.</p><p><br></p><p><strong>	19 	</strong>Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos.</p><p><br></p><p><strong>	20 	</strong>Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos.</p><p><br></p><p><strong>	21 	</strong>Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.</p><p><br></p><p><strong>	22 	</strong>Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos.</p><p><br></p><p><strong>	23 	</strong>Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.</p><p><br></p><p><strong>	24 	</strong>Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste;</p><p><br></p><p><strong>	25 	</strong>por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.</p><p><br></p><p><strong>	26 	</strong>Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí.</p><p><br></p><p><strong>	27 	</strong>Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses.</p><p><br></p><p><strong>	28 	</strong>Quitadle, pues, el...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Parábola de las diez vírgenes</strong></p><p>	Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo.</p><p>	<strong>2 </strong>	Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas.</p><p><br></p><p>	<strong>10 </strong>	Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.</p><p><br></p><p>	<strong>11 </strong>	Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos!</p><p><br></p><p>	<strong>12 </strong>	Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.</p><p><br></p><p>	<strong>13 </strong>	Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Parábola de los talentos</strong></p><p>	</p><p><strong>	14 	</strong>Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes.</p><p><br></p><p><strong>	15 	</strong>A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos.</p><p><br></p><p><strong>	16 	</strong>Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos.</p><p><br></p><p><strong>	17 	</strong>Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos.</p><p><br></p><p><strong>	18 	</strong>Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.</p><p><br></p><p><strong>	19 	</strong>Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos.</p><p><br></p><p><strong>	20 	</strong>Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos.</p><p><br></p><p><strong>	21 	</strong>Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.</p><p><br></p><p><strong>	22 	</strong>Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos.</p><p><br></p><p><strong>	23 	</strong>Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.</p><p><br></p><p><strong>	24 	</strong>Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste;</p><p><br></p><p><strong>	25 	</strong>por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.</p><p><br></p><p><strong>	26 	</strong>Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí.</p><p><br></p><p><strong>	27 	</strong>Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses.</p><p><br></p><p><strong>	28 	</strong>Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.</p><p><br></p><p><strong>	29 	</strong>Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.</p><p><br></p><p><strong>	30 	</strong>Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.<sup><em>e</em></sup><strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El juicio de las naciones</strong></p><p>	</p><p><strong>	31 	</strong>Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria,</p><p><br></p><p><strong>	32 	</strong>y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.</p><p><br></p><p><strong>	33 	</strong>Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.</p><p><br></p><p><strong>	34 	</strong>Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.</p><p><br></p><p><strong>	35 	</strong>Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis;</p><p><br></p><p><strong>	36 	</strong>estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.</p><p><br></p><p><strong>	37 	</strong>Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?</p><p><br></p><p><strong>	38 	</strong>¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?</p><p><br></p><p><strong>	39 	</strong>¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?</p><p><br></p><p><strong>	40 	</strong>Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.</p><p><br></p><p><strong>	41 	</strong>Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.</p><p><br></p><p><strong>	42 	</strong>Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;</p><p><br></p><p><strong>	43 	</strong>fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.</p><p><br></p><p><strong>	44 	</strong>Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?</p><p><br></p><p><strong>	45 	</strong>Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.</p><p><br></p><p><strong>	46 	</strong>E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-25]]></link><guid isPermaLink="false">ec8eb178-75f0-4e2b-bcd7-3e6ca77e07a5</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Sat, 26 Jun 2021 09:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/2764a43e-7e99-4792-8f74-92bec28434a8/25-san-mateo-25.mp3" length="6992319" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>07:02</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo Capítulo 24</title><itunes:title>Evangelio de Mateo Capítulo 24</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús predice la destrucción del templo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 13.1–2; Lc. 21.5–6)</p><p>	Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Señales antes del fin</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 13.3–23; Lc. 21.7–24)</p><p>	</p><p>	<strong>3 </strong>	Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?&nbsp;</p><p>	<strong>4 </strong>	Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe.&nbsp;</p><p>	<strong>5 </strong>	Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Y todo esto será principio de dolores.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos;&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda),&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	entonces los que estén en Judea, huyan a los montes.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa;&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días!&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo;*&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Ya os lo he dicho antes.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La venida del Hijo del Hombre</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr....]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús predice la destrucción del templo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 13.1–2; Lc. 21.5–6)</p><p>	Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Señales antes del fin</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 13.3–23; Lc. 21.7–24)</p><p>	</p><p>	<strong>3 </strong>	Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?&nbsp;</p><p>	<strong>4 </strong>	Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe.&nbsp;</p><p>	<strong>5 </strong>	Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Y todo esto será principio de dolores.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos;&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda),&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	entonces los que estén en Judea, huyan a los montes.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa;&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días!&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo;*&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Ya os lo he dicho antes.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La venida del Hijo del Hombre</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 13.24–37; Lc. 21.25–36; 17.25–36; 12.41–48)</p><p>	</p><p>	<strong>29 </strong>	E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.&nbsp;</p><p>	<strong>38 </strong>	Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,&nbsp;</p><p>	<strong>39 </strong>	y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.&nbsp;</p><p>	<strong>40 </strong>	Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado.&nbsp;</p><p>	<strong>41 </strong>	Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada.&nbsp;</p><p>	<strong>42 </strong>	Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.&nbsp;</p><p>	<strong>43 </strong>	Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.&nbsp;</p><p>	<strong>44 </strong>	Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.&nbsp;</p><p>	<strong>45 </strong>	¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?&nbsp;</p><p>	<strong>46 </strong>	Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.&nbsp;</p><p>	<strong>47 </strong>	De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá.&nbsp;</p><p>	<strong>48 </strong>	Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir;&nbsp;</p><p>	<strong>49 </strong>	y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos,&nbsp;</p><p>	<strong>50 </strong>	vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe,&nbsp;</p><p>	<strong>51 </strong>	y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-24]]></link><guid isPermaLink="false">dd7badbc-ade9-4921-8f59-0e06752d6e9c</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Fri, 25 Jun 2021 09:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/d5cfdbe2-f33e-4a5c-a721-5f07de9ff62a/24-san-mateo-24.mp3" length="7129828" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>07:11</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo Capítulo 23</title><itunes:title>Evangelio de Mateo Capítulo 23</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús acusa a escribas y fariseos</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 12.38–40; Lc. 11.37–54; 20.45–47)</p><p>	Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo:</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos;</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas,</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.</p><p><br></p><p>	<strong>10 </strong>	Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.</p><p><br></p><p>	<strong>11 </strong>	El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.</p><p><br></p><p>	<strong>12 </strong>	Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Si alguno jura por el templo, no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo, es deudor.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	¡Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro?&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	También decís: Si alguno jura por el altar, no es nada; pero si alguno jura por la ofrenda que está sobre él, es deudor.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	¡Necios y ciegos! porque ¿cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda?&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Pues el que jura por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él;&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	y el que jura por el templo, jura por él, y por el que lo habita;&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por aquel que está sentado en él.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	¡Ay de vosotros, escribas y fariseos,...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús acusa a escribas y fariseos</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 12.38–40; Lc. 11.37–54; 20.45–47)</p><p>	Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo:</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos;</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas,</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.</p><p><br></p><p>	<strong>10 </strong>	Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.</p><p><br></p><p>	<strong>11 </strong>	El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.</p><p><br></p><p>	<strong>12 </strong>	Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Si alguno jura por el templo, no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo, es deudor.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	¡Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro?&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	También decís: Si alguno jura por el altar, no es nada; pero si alguno jura por la ofrenda que está sobre él, es deudor.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	¡Necios y ciegos! porque ¿cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda?&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Pues el que jura por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él;&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	y el que jura por el templo, jura por él, y por el que lo habita;&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por aquel que está sentado en él.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos,&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas.&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas.&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres!&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad;&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar.&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Lamento de Jesús sobre Jerusalén</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 13.34–35)</p><p>	</p><p>	<strong>37 </strong>	¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!&nbsp;</p><p>	<strong>38 </strong>	He aquí vuestra casa os es dejada desierta.&nbsp;</p><p>	<strong>39 </strong>	Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-23]]></link><guid isPermaLink="false">aca968b6-1548-4bcb-ace4-738361810285</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Thu, 24 Jun 2021 09:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/61311c48-b61d-48fd-a94f-73ce9870e799/23-san-mateo-23.mp3" length="6382934" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>06:24</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo Capítulo 22</title><itunes:title>Evangelio de Mateo Capítulo 22</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Parábola de la fiesta de bodas</strong></p><p>	Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo:</p><p>	<strong>2 </strong>	El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo;</p><p>	<strong>3 </strong>	y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios;</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos.</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis.</p><p><br></p><p>	<strong>10 </strong>	Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La cuestión del tributo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 12.13–17; Lc. 20.20–26)</p><p>	</p><p>	<strong>15 </strong>	Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no?&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas?&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción?&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Oyendo esto, se maravillaron, y dejándole, se fueron.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La pregunta sobre la resurrección</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 12.18–27; Lc. 20.27–40)</p><p>	</p><p>	<strong>23 </strong>	Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron,&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos; el primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Y después de todos murió también la mujer.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Parábola de la fiesta de bodas</strong></p><p>	Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo:</p><p>	<strong>2 </strong>	El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo;</p><p>	<strong>3 </strong>	y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios;</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos.</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis.</p><p><br></p><p>	<strong>10 </strong>	Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La cuestión del tributo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 12.13–17; Lc. 20.20–26)</p><p>	</p><p>	<strong>15 </strong>	Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no?&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas?&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción?&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Oyendo esto, se maravillaron, y dejándole, se fueron.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La pregunta sobre la resurrección</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 12.18–27; Lc. 20.27–40)</p><p>	</p><p>	<strong>23 </strong>	Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron,&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos; el primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Y después de todos murió también la mujer.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron?&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo.&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo:&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	Oyendo esto la gente, se admiraba de su doctrina.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El gran mandamiento</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 12.28–34)</p><p>	</p><p>	<strong>34 </strong>	Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una.&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo:&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.&nbsp;</p><p>	<strong>38 </strong>	Este es el primero y grande mandamiento.&nbsp;</p><p>	<strong>39 </strong>	Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.&nbsp;</p><p>	<strong>40 </strong>	De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>¿De quién es hijo el Cristo?</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 12.35–37; Lc. 20.41–44)</p><p>	</p><p>	<strong>41 </strong>	Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó,&nbsp;</p><p>	<strong>42 </strong>	diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David.&nbsp;</p><p>	<strong>43 </strong>	El les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo:&nbsp;</p><p>	<strong>44 </strong>	Dijo el Señor a mi Señor:&nbsp;</p><p>Siéntate a mi derecha,&nbsp;</p><p>Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?&nbsp;</p><p>	<strong>45 </strong>	Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?&nbsp;</p><p>	<strong>46 </strong>	Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-23]]></link><guid isPermaLink="false">ceffc23c-6907-4149-9b1d-b0b8867fddd6</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Wed, 23 Jun 2021 09:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/7714c777-3a58-4f49-a6bb-55ee5f4ed1ad/22-san-mateo-22.mp3" length="6326510" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>06:21</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo capítulo 21</title><itunes:title>Evangelio de Mateo capítulo 21</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>La entrada triunfal en Jerusalén</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 11.1–11; Lc. 19.28–40; Jn. 12.12–19)</p><p>	Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos,</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo:&nbsp;</p><p>	<strong>5 </strong>	Decid a la hija de Sion:&nbsp;</p><p>He aquí, tu Rey viene a ti,&nbsp;</p><p>Manso, y sentado sobre una asna,&nbsp;</p><p>Sobre un pollino, hijo de animal de carga.&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó;&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste?&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Purificación del templo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 11.15–19; Lc. 19.45–48; Jn. 2.13–22)</p><p>	</p><p>	<strong>12 </strong>	Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron,&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; ¿nunca leísteis:&nbsp;</p><p>De la boca de los niños y de los que maman&nbsp;</p><p>Perfeccionaste la alabanza?&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y dejándolos, salió fuera de la ciudad, a Betania, y posó allí.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Maldición de la higuera estéril</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 11.12–14, 20–26)</p><p>	</p><p>	<strong>18 </strong>	Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera?&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La autoridad de Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 11.27–33; Lc. 20.1–8)</p><p>	</p><p>	<strong>23 </strong>	Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron:...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>La entrada triunfal en Jerusalén</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 11.1–11; Lc. 19.28–40; Jn. 12.12–19)</p><p>	Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos,</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo:&nbsp;</p><p>	<strong>5 </strong>	Decid a la hija de Sion:&nbsp;</p><p>He aquí, tu Rey viene a ti,&nbsp;</p><p>Manso, y sentado sobre una asna,&nbsp;</p><p>Sobre un pollino, hijo de animal de carga.&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó;&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste?&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Purificación del templo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 11.15–19; Lc. 19.45–48; Jn. 2.13–22)</p><p>	</p><p>	<strong>12 </strong>	Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron,&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; ¿nunca leísteis:&nbsp;</p><p>De la boca de los niños y de los que maman&nbsp;</p><p>Perfeccionaste la alabanza?&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y dejándolos, salió fuera de la ciudad, a Betania, y posó allí.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Maldición de la higuera estéril</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 11.12–14, 20–26)</p><p>	</p><p>	<strong>18 </strong>	Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera?&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La autoridad de Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 11.27–33; Lc. 20.1–8)</p><p>	</p><p>	<strong>23 </strong>	Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad?&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos entonces discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Parábola de los dos hijos</strong></p><p>	</p><p><strong>	28 	</strong>Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña.</p><p><br></p><p><strong>	29 	</strong>Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue.</p><p><br></p><p><strong>	30 	</strong>Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue.</p><p><br></p><p><strong>	31 	</strong>¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.</p><p><br></p><p><strong>	32 	</strong>Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Los labradores malvados</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 12.1–12; Lc. 20.9–19)</p><p>	</p><p>	<strong>33 </strong>	Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos.&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos.&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon.&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera.&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo.&nbsp;</p><p>	<strong>38 </strong>	Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad.&nbsp;</p><p>	<strong>39 </strong>	Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron.&nbsp;</p><p>	<strong>40 </strong>	Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?&nbsp;</p><p>	<strong>41 </strong>	Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo.&nbsp;</p><p>	<strong>42 </strong>	Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras:&nbsp;</p><p>La piedra que desecharon los edificadores,&nbsp;</p><p>Ha venido a ser cabeza del ángulo.&nbsp;</p><p>El Señor ha hecho esto,&nbsp;</p><p>Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?&nbsp;</p><p>	<strong>43 </strong>	Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.&nbsp;</p><p>	<strong>44 </strong>	Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.&nbsp;</p><p>	<strong>45 </strong>	Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos.&nbsp;</p><p>	<strong>46 </strong>	Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-21]]></link><guid isPermaLink="false">f7999852-d7e7-4d46-b1c8-7c3acb34c965</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Tue, 22 Jun 2021 09:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/034a2adb-34ad-408d-9401-86b8feb7caf1/21-san-mateo-21.mp3" length="8100329" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>08:12</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo Capítulo 20</title><itunes:title>Evangelio de Mateo Capítulo 20</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Los obreros de la viña</strong></p><p>	Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña.</p><p>	<strong>2 </strong>	Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.</p><p>	<strong>3 </strong>	Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados;</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados?</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.</p><p><br></p><p>	<strong>10 </strong>	Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario.</p><p><br></p><p>	<strong>11 </strong>	Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia,</p><p><br></p><p>	<strong>12 </strong>	diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día.</p><p><br></p><p>	<strong>13 </strong>	Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario?</p><p><br></p><p>	<strong>14 </strong>	Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti.</p><p><br></p><p>	<strong>15 </strong>	¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?</p><p><br></p><p>	<strong>16 </strong>	Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Nuevamente Jesús anuncia su muerte</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 10.32–34; Lc. 18.31–34)</p><p>	</p><p>	<strong>17 </strong>	Subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo:&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte;&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Petición de Santiago y de Juan</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 10.35–45)</p><p>	</p><p>	<strong>20 </strong>	Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	El les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Entonces Jesús, llamándolos,]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Los obreros de la viña</strong></p><p>	Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña.</p><p>	<strong>2 </strong>	Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.</p><p>	<strong>3 </strong>	Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados;</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados?</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.</p><p><br></p><p>	<strong>10 </strong>	Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario.</p><p><br></p><p>	<strong>11 </strong>	Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia,</p><p><br></p><p>	<strong>12 </strong>	diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día.</p><p><br></p><p>	<strong>13 </strong>	Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario?</p><p><br></p><p>	<strong>14 </strong>	Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti.</p><p><br></p><p>	<strong>15 </strong>	¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?</p><p><br></p><p>	<strong>16 </strong>	Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Nuevamente Jesús anuncia su muerte</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 10.32–34; Lc. 18.31–34)</p><p>	</p><p>	<strong>17 </strong>	Subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo:&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte;&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Petición de Santiago y de Juan</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 10.35–45)</p><p>	</p><p>	<strong>20 </strong>	Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	El les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo;&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Dos ciegos reciben la vista</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 10.46–52; Lc. 18.35–43)</p><p>	</p><p>	<strong>29 </strong>	Al salir ellos de Jericó, le seguía una gran multitud.&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga?&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos.&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron.&nbsp;</p><p><br></p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-20]]></link><guid isPermaLink="false">168e058c-080c-4187-bb77-11700e1ebdb4</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Mon, 21 Jun 2021 20:31:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/de687e28-b5ef-491f-bbff-d489306d1f7e/20-san-mateo-20.mp3" length="5572512" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>05:34</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo Capítulo 19</title><itunes:title>Evangelio de Mateo Capítulo 19</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús enseña sobre el divorcio</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 10.1–12; Lc. 16.18)</p><p>	Aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, se alejó de Galilea, y fue a las regiones de Judea al otro lado del Jordán.</p><p>	<strong>2 </strong>	Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí.&nbsp;</p><p>	<strong>3 </strong>	Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?&nbsp;</p><p>	<strong>4 </strong>	Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo,&nbsp;</p><p>	<strong>5 </strong>	y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla?&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Entonces él les dijo: No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús bendice a los niños</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 10.13–16; Lc. 18.15–17)</p><p>	</p><p>	<strong>13 </strong>	Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El joven rico</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 10.17–31; Lc. 18.18–30)</p><p>	</p><p>	<strong>16 </strong>	Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Y mirándolos Jesús,...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús enseña sobre el divorcio</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 10.1–12; Lc. 16.18)</p><p>	Aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, se alejó de Galilea, y fue a las regiones de Judea al otro lado del Jordán.</p><p>	<strong>2 </strong>	Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí.&nbsp;</p><p>	<strong>3 </strong>	Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?&nbsp;</p><p>	<strong>4 </strong>	Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo,&nbsp;</p><p>	<strong>5 </strong>	y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla?&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Entonces él les dijo: No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús bendice a los niños</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 10.13–16; Lc. 18.15–17)</p><p>	</p><p>	<strong>13 </strong>	Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El joven rico</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 10.17–31; Lc. 18.18–30)</p><p>	</p><p>	<strong>16 </strong>	Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros</p><p>RVR1960.</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-19]]></link><guid isPermaLink="false">41832c1d-c119-4502-8b51-066842d17237</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Mon, 21 Jun 2021 20:30:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/8e9c2cfe-6136-4f16-8d20-c2ad4657cd8b/19-san-mateo-19.mp3" length="5197184" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>05:10</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo capítulo 18</title><itunes:title>Evangelio de Mateo capítulo 18</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>¿Quién es el mayor?</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 9.33–37; Lc. 9.46–48)</p><p>	En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos,</p><p>	<strong>3 </strong>	y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.</p><p>	<strong>4 </strong>	Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.</p><p>	<strong>5 </strong>	Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>Ocasiones de caer</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 9.42–48; Lc. 17.1–2)</p><p>	<strong>6 </strong>	Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Parábola de la oveja perdida</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 15.3–7)	</p><p>	<strong>10 </strong>	Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Cómo se debe perdonar al hermano</strong></p><p><strong>	15 	</strong>Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.</p><p><strong>	16 	</strong>Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.</p><p><strong>	17 	</strong>Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.</p><p><strong>	18 	</strong>De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.</p><p><strong>	19 	</strong>Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.</p><p><strong>	20 	</strong>Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.<strong>&nbsp;</strong></p><p>	<strong>21 </strong>	Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Los dos deudores</strong></p><p><strong>	23 	</strong>Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>¿Quién es el mayor?</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 9.33–37; Lc. 9.46–48)</p><p>	En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos,</p><p>	<strong>3 </strong>	y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.</p><p>	<strong>4 </strong>	Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.</p><p>	<strong>5 </strong>	Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>Ocasiones de caer</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 9.42–48; Lc. 17.1–2)</p><p>	<strong>6 </strong>	Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Parábola de la oveja perdida</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 15.3–7)	</p><p>	<strong>10 </strong>	Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Cómo se debe perdonar al hermano</strong></p><p><strong>	15 	</strong>Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.</p><p><strong>	16 	</strong>Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.</p><p><strong>	17 	</strong>Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.</p><p><strong>	18 	</strong>De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.</p><p><strong>	19 	</strong>Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.</p><p><strong>	20 	</strong>Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.<strong>&nbsp;</strong></p><p>	<strong>21 </strong>	Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Los dos deudores</strong></p><p><strong>	23 	</strong>Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos.</p><p><strong>	24 	</strong>Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.</p><p><strong>	25 	</strong>A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda.</p><p><strong>	26 	</strong>Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.</p><p><strong>	27 	</strong>El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.</p><p><strong>	28 	</strong>Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes.</p><p><strong>	29 	</strong>Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.</p><p><strong>	30 	</strong>Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda.</p><p><strong>	31 	</strong>Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado.</p><p><strong>	32 	</strong>Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste.</p><p><strong>	33 	</strong>¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?</p><p><strong>	34 	</strong>Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.</p><p><strong>	35 	</strong>Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.<strong>&nbsp;</strong></p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-18]]></link><guid isPermaLink="false">8de3656d-5576-4103-8f3f-761e43fb3fa9</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Sat, 19 Jun 2021 16:10:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/a6106ad5-f80d-4061-9059-5d6fe2c6c55d/18-san-mateo-18.mp3" length="5682435" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>05:40</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo capítulo 17</title><itunes:title>Evangelio de Mateo capítulo 17</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>La transfiguración</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 9.2–13; Lc. 9.28–36)</p><p>	Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús sana a un muchacho lunático</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 9.14–29; Lc. 9.37–43)</p><p>	</p><p>	<strong>14 </strong>	Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre que se arrodilló delante de él, diciendo:&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Pero este género no sale sino con oración y ayuno.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús anuncia otra vez su muerte</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 9.30–32; Lc. 9.43–45)</p><p>	</p><p>	<strong>22 </strong>	Estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres,&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Pago del impuesto del templo</strong></p><p>	</p><p><strong>	24 	</strong>Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?</p><p><br></p><p><strong>	25 	</strong>El...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>La transfiguración</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 9.2–13; Lc. 9.28–36)</p><p>	Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús sana a un muchacho lunático</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 9.14–29; Lc. 9.37–43)</p><p>	</p><p>	<strong>14 </strong>	Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre que se arrodilló delante de él, diciendo:&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Pero este género no sale sino con oración y ayuno.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús anuncia otra vez su muerte</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 9.30–32; Lc. 9.43–45)</p><p>	</p><p>	<strong>22 </strong>	Estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres,&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Pago del impuesto del templo</strong></p><p>	</p><p><strong>	24 	</strong>Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?</p><p><br></p><p><strong>	25 	</strong>El dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños?</p><p><br></p><p><strong>	26 	</strong>Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos.</p><p><br></p><p><strong>	27 	</strong>Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-17]]></link><guid isPermaLink="false">4747cf34-cf27-4b4a-8b15-f456f40da8ed</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Fri, 18 Jun 2021 16:51:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/95ddd87f-98c2-4588-ba71-7f9f1f31615c/17-san-mateo-17.mp3" length="4979427" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>04:56</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo capítulo 16</title><itunes:title>Evangelio de Mateo capítulo 16</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>La demanda de una señal</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 8.11–13; Lc. 12.54–56)</p><p>	Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo.</p><p>	<strong>2 </strong>	Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La levadura de los fariseos</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 8.14–21)</p><p>	</p><p>	<strong>5 </strong>	Llegando sus discípulos al otro lado, se habían olvidado de traer pan.&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	Y Jesús les dijo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Esto dice porque no trajimos pan.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tenéis pan?&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántas cestas recogisteis?&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis?&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	¿Cómo es que no entendéis que no fue por el pan que os dije que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos?&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Entonces entendieron que no les había dicho que se guardasen de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La confesión de Pedro</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 8.27–30; Lc. 9.18–21)</p><p>	</p><p>	<strong>13 </strong>	Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús anuncia su muerte</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 8.31—9.1; Lc. 9.22–27)</p><p>	</p><p>	<strong>21 </strong>	Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>La demanda de una señal</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 8.11–13; Lc. 12.54–56)</p><p>	Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo.</p><p>	<strong>2 </strong>	Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La levadura de los fariseos</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 8.14–21)</p><p>	</p><p>	<strong>5 </strong>	Llegando sus discípulos al otro lado, se habían olvidado de traer pan.&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	Y Jesús les dijo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Esto dice porque no trajimos pan.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tenéis pan?&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántas cestas recogisteis?&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis?&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	¿Cómo es que no entendéis que no fue por el pan que os dije que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos?&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Entonces entendieron que no les había dicho que se guardasen de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La confesión de Pedro</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 8.27–30; Lc. 9.18–21)</p><p>	</p><p>	<strong>13 </strong>	Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús anuncia su muerte</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 8.31—9.1; Lc. 9.22–27)</p><p>	</p><p>	<strong>21 </strong>	Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.&nbsp;</p><p><br></p><p>&nbsp;RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-16]]></link><guid isPermaLink="false">b05e1204-9c82-453b-842b-9ec67690c0fb</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Wed, 16 Jun 2021 23:36:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/46002bef-eada-4a78-8fd3-39806bdd0598/16-san-mateo-16.mp3" length="5060512" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>05:02</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo capítulo 15</title><itunes:title>Evangelio de Mateo capítulo 15</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Lo que contamina al hombre</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 7.1–23)</p><p>	Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo:</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte,</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo:&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Este pueblo de labios me honra;&nbsp;</p><p>Mas su corazón está lejos de mí.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Pues en vano me honran,&nbsp;</p><p>Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entended:&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Entonces acercándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra?&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Respondiendo Pedro, le dijo: Explícanos esta parábola.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Jesús dijo: ¿También vosotros sois aún sin entendimiento?&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina?&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La fe de la mujer cananea</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 7.24–30)</p><p>	</p><p>	<strong>21 </strong>	Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme!&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.&nbsp;</p><p><br></p><p...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Lo que contamina al hombre</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 7.1–23)</p><p>	Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo:</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte,</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo:&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Este pueblo de labios me honra;&nbsp;</p><p>Mas su corazón está lejos de mí.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	Pues en vano me honran,&nbsp;</p><p>Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entended:&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Entonces acercándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra?&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Respondiendo Pedro, le dijo: Explícanos esta parábola.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Jesús dijo: ¿También vosotros sois aún sin entendimiento?&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina?&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La fe de la mujer cananea</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 7.24–30)</p><p>	</p><p>	<strong>21 </strong>	Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme!&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús sana a muchos</strong></p><p>	</p><p><strong>	29 	</strong>Pasó Jesús de allí y vino junto al mar de Galilea; y subiendo al monte, se sentó allí.</p><p><br></p><p><strong>	30 	</strong>Y se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó;</p><p><br></p><p><strong>	31 	</strong>de manera que la multitud se maravillaba, viendo a los mudos hablar, a los mancos sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver; y glorificaban al Dios de Israel.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Alimentación de los cuatro mil</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 8.1–10)</p><p>	</p><p>	<strong>32 </strong>	Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino.&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	Entonces sus discípulos le dijeron: ¿De dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, para saciar a una multitud tan grande?&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	Jesús les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos.&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	Y mandó a la multitud que se recostase en tierra.&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	Y tomando los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud.&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenas.&nbsp;</p><p>	<strong>38 </strong>	Y eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.&nbsp;</p><p>	<strong>39 </strong>	Entonces, despedida la gente, entró en la barca, y vino a la región de Magdala.&nbsp;</p><p><br></p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-15]]></link><guid isPermaLink="false">8395499e-374a-46be-a28e-54004bcc39b4</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Tue, 15 Jun 2021 20:34:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/85d2071c-30f0-423a-8d14-d824b19477e7/15-san-mateo-15.mp3" length="5917328" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>05:55</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo capítulo 14</title><itunes:title>Evangelio de Mateo capítulo 14</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Muerte de Juan el Bautista</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 6.14–29; Lc. 9.7–9)</p><p>	En aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús,</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	y dijo a sus criados: Este es Juan el Bautista; ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Porque Herodes había prendido a Juan, y le había encadenado y metido en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano;</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	porque Juan le decía: No te es lícito tenerla.<sup><em>b</em></sup></p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Y Herodes quería matarle, pero temía al pueblo; porque tenían a Juan por profeta.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Pero cuando se celebraba el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio, y agradó a Herodes,</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	por lo cual éste le prometió con juramento darle todo lo que pidiese.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Ella, instruida primero por su madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista.</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	Entonces el rey se entristeció; pero a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, mandó que se la diesen,</p><p><br></p><p>	<strong>10 </strong>	y ordenó decapitar a Juan en la cárcel.</p><p><br></p><p>	<strong>11 </strong>	Y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la muchacha; y ella la presentó a su madre.</p><p><br></p><p>	<strong>12 </strong>	Entonces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo y lo enterraron; y fueron y dieron las nuevas a Jesús.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Alimentación de los cinco mil</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 6.30–44; Lc. 9.10–17; Jn. 6.1–14)</p><p>	</p><p>	<strong>13 </strong>	Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado; y cuando la gente lo oyó, le siguió a pie desde las ciudades.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	El les dijo: Traédmelos acá.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús anda sobre el mar</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 6.45–52; Jn. 6.15–21)</p><p>	</p><p>	<strong>22 </strong>	En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Pero en seguida Jesús les...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Muerte de Juan el Bautista</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 6.14–29; Lc. 9.7–9)</p><p>	En aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús,</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	y dijo a sus criados: Este es Juan el Bautista; ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Porque Herodes había prendido a Juan, y le había encadenado y metido en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano;</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	porque Juan le decía: No te es lícito tenerla.<sup><em>b</em></sup></p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Y Herodes quería matarle, pero temía al pueblo; porque tenían a Juan por profeta.</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Pero cuando se celebraba el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio, y agradó a Herodes,</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	por lo cual éste le prometió con juramento darle todo lo que pidiese.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Ella, instruida primero por su madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista.</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	Entonces el rey se entristeció; pero a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, mandó que se la diesen,</p><p><br></p><p>	<strong>10 </strong>	y ordenó decapitar a Juan en la cárcel.</p><p><br></p><p>	<strong>11 </strong>	Y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la muchacha; y ella la presentó a su madre.</p><p><br></p><p>	<strong>12 </strong>	Entonces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo y lo enterraron; y fueron y dieron las nuevas a Jesús.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Alimentación de los cinco mil</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 6.30–44; Lc. 9.10–17; Jn. 6.1–14)</p><p>	</p><p>	<strong>13 </strong>	Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado; y cuando la gente lo oyó, le siguió a pie desde las ciudades.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.&nbsp;</p><p>	<strong>18 </strong>	El les dijo: Traédmelos acá.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús anda sobre el mar</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 6.45–52; Jn. 6.15–21)</p><p>	</p><p>	<strong>22 </strong>	En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo.&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento.&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús sana a los enfermos en Genesaret</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 6.53–56)</p><p>	</p><p>	<strong>34 </strong>	Y terminada la travesía, vinieron a tierra de Genesaret.&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	Cuando le conocieron los hombres de aquel lugar, enviaron noticia por toda aquella tierra alrededor, y trajeron a él todos los enfermos;&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	y le rogaban que les dejase tocar solamente el borde de su manto; y todos los que lo tocaron, quedaron sanos.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-14]]></link><guid isPermaLink="false">d4b81f5e-e0e7-4ebb-818a-268b34da510b</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Sun, 13 Jun 2021 18:50:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/004d294e-9d14-400b-b141-d4eaebee1c87/14-san-mateo-14.mp3" length="5450467" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>05:26</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo capítulo 13</title><itunes:title>Evangelio de Mateo capítulo 13</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Parábola del sembrador</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 4.1–9; Lc. 8.4–8)</p><p>	Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra;</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	El que tiene oídos para oír, oiga.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Propósito de las parábolas</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 4.10–12; Lc. 8.9–10)</p><p>	</p><p>	<strong>10 </strong>	Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo:&nbsp;</p><p>De oído oiréis, y no entenderéis;&nbsp;</p><p>Y viendo veréis, y no percibiréis.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,&nbsp;</p><p>Y con los oídos oyen pesadamente,&nbsp;</p><p>Y han cerrado sus ojos;&nbsp;</p><p>Para que no vean con los ojos,&nbsp;</p><p>Y oigan con los oídos,&nbsp;</p><p>Y con el corazón entiendan,&nbsp;</p><p>Y se conviertan,&nbsp;</p><p>Y yo los sane.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús explica la parábola del sembrador</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 4.13–20; Lc. 8.11–15)</p><p>	</p><p>	<strong>18 </strong>	Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador:&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo;&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Parábola del trigo y la cizaña</strong></p><p>	</p><p><strong>	24 	</strong>Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Parábola del sembrador</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 4.1–9; Lc. 8.4–8)</p><p>	Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa.</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra;</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron.</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.</p><p><br></p><p>	<strong>9 </strong>	El que tiene oídos para oír, oiga.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Propósito de las parábolas</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 4.10–12; Lc. 8.9–10)</p><p>	</p><p>	<strong>10 </strong>	Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo:&nbsp;</p><p>De oído oiréis, y no entenderéis;&nbsp;</p><p>Y viendo veréis, y no percibiréis.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,&nbsp;</p><p>Y con los oídos oyen pesadamente,&nbsp;</p><p>Y han cerrado sus ojos;&nbsp;</p><p>Para que no vean con los ojos,&nbsp;</p><p>Y oigan con los oídos,&nbsp;</p><p>Y con el corazón entiendan,&nbsp;</p><p>Y se conviertan,&nbsp;</p><p>Y yo los sane.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús explica la parábola del sembrador</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 4.13–20; Lc. 8.11–15)</p><p>	</p><p>	<strong>18 </strong>	Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador:&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo;&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Parábola del trigo y la cizaña</strong></p><p>	</p><p><strong>	24 	</strong>Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo;</p><p><br></p><p><strong>	25 	</strong>pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.</p><p><br></p><p><strong>	26 	</strong>Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña.</p><p><br></p><p><strong>	27 	</strong>Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?</p><p><br></p><p><strong>	28 	</strong>El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?</p><p><br></p><p><strong>	29 	</strong>El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.</p><p><br></p><p><strong>	30 	</strong>Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Parábola de la semilla de mostaza</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 4.30–32; Lc. 13.18–19)</p><p>	</p><p>	<strong>31 </strong>	Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo;&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Parábola de la levadura</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 13.20–21)</p><p>	</p><p>	<strong>33 </strong>	Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El uso que Jesús hace de las parábolas</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 4.33–34)</p><p>	</p><p>	<strong>34 </strong>	Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba;&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo:&nbsp;</p><p>Abriré en parábolas mi boca;&nbsp;</p><p>Declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús explica la parábola de la cizaña</strong></p><p>	</p><p><strong>	36 	</strong>Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo.</p><p><br></p><p><strong>	37 	</strong>Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.</p><p><br></p><p><strong>	38 	</strong>El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.</p><p><br></p><p><strong>	39 	</strong>El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles.</p><p><br></p><p><strong>	40 	</strong>De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo.</p><p><br></p><p><strong>	41 	</strong>Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad,</p><p><br></p><p><strong>	42 	</strong>y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.</p><p><br></p><p><strong>	43 	</strong>Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El tesoro escondido</strong></p><p>	</p><p><strong>	44 	</strong>Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La perla de gran precio</strong></p><p>	</p><p><strong>	45 	</strong>También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas,</p><p><br></p><p><strong>	46 	</strong>que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La red</strong></p><p>	</p><p><strong>	47 	</strong>Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces;</p><p><br></p><p><strong>	48 	</strong>y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera.</p><p><br></p><p><strong>	49 	</strong>Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos,</p><p><br></p><p><strong>	50 	</strong>y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Tesoros nuevos y viejos</strong></p><p>	</p><p><strong>	51 	</strong>Jesús les dijo: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos respondieron: Sí, Señor.</p><p><br></p><p><strong>	52 	</strong>El les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.<strong>&nbsp;</strong></p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús en Nazaret</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 6.1–6; Lc. 4.16–30)</p><p>	</p><p>	<strong>53 </strong>	Aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí.&nbsp;</p><p>	<strong>54 </strong>	Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros?&nbsp;</p><p>	<strong>55 </strong>	¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas?&nbsp;</p><p>	<strong>56 </strong>	¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?&nbsp;</p><p>	<strong>57 </strong>	Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa.&nbsp;</p><p>	<strong>58 </strong>	Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.&nbsp;</p><p>RVR 1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-13]]></link><guid isPermaLink="false">74525fb1-0807-4db5-a57a-fe964478014b</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Sat, 12 Jun 2021 19:17:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/40d6e803-1640-4541-ae57-2cbfea9c04ce/13-san-mateo-13.mp3" length="9622954" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>09:47</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo capítulo 12</title><itunes:title>Evangelio de Mateo capítulo 12</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Los discípulos recogen espigas en el día de reposo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 2.23–28; Lc. 6.1–5)</p><p>	En aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en un día de reposo;* y sus discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas y a comer.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo.*</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Pero él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre;</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes?</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo* los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo,* y son sin culpa?</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes;</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.*&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El hombre de la mano seca</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 3.1–6; Lc. 6.6–11)</p><p>	</p><p>	<strong>9 </strong>	Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?*&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo,* no le eche mano, y la levante?&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo.*&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Y salidos los fariseos, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El siervo escogido</strong></p><p>	</p><p><strong>	15 	</strong>Sabiendo esto Jesús, se apartó de allí; y le siguió mucha gente, y sanaba a todos,</p><p><br></p><p><strong>	16 	</strong>y les encargaba rigurosamente que no le descubriesen;</p><p><br></p><p><strong>	17 	</strong>para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:<strong>&nbsp;</strong></p><p>	<strong>18 </strong>	He aquí mi siervo, a quien he escogido;&nbsp;</p><p>Mi Amado, en quien se agrada mi alma;&nbsp;</p><p>Pondré mi Espíritu sobre él,&nbsp;</p><p>Y a los gentiles anunciará juicio.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	No contenderá, ni voceará,&nbsp;</p><p>Ni nadie oirá en las calles su voz.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	La caña cascada no quebrará,&nbsp;</p><p>Y el pábilo que humea no apagará,&nbsp;</p><p>Hasta que saque a victoria el juicio.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Y en su nombre esperarán los gentiles.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La blasfemia contra el Espíritu Santo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 3.20–30; Lc. 11.14–23)</p><p>	</p><p>	<strong>22 </strong>	Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David?&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá.&nbsp;</p><p>...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Los discípulos recogen espigas en el día de reposo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 2.23–28; Lc. 6.1–5)</p><p>	En aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en un día de reposo;* y sus discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas y a comer.</p><p><br></p><p>	<strong>2 </strong>	Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo.*</p><p><br></p><p>	<strong>3 </strong>	Pero él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre;</p><p><br></p><p>	<strong>4 </strong>	cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes?</p><p><br></p><p>	<strong>5 </strong>	¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo* los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo,* y son sin culpa?</p><p><br></p><p>	<strong>6 </strong>	Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí.</p><p><br></p><p>	<strong>7 </strong>	Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes;</p><p><br></p><p>	<strong>8 </strong>	porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.*&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El hombre de la mano seca</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 3.1–6; Lc. 6.6–11)</p><p>	</p><p>	<strong>9 </strong>	Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?*&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo,* no le eche mano, y la levante?&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo.*&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Y salidos los fariseos, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El siervo escogido</strong></p><p>	</p><p><strong>	15 	</strong>Sabiendo esto Jesús, se apartó de allí; y le siguió mucha gente, y sanaba a todos,</p><p><br></p><p><strong>	16 	</strong>y les encargaba rigurosamente que no le descubriesen;</p><p><br></p><p><strong>	17 	</strong>para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:<strong>&nbsp;</strong></p><p>	<strong>18 </strong>	He aquí mi siervo, a quien he escogido;&nbsp;</p><p>Mi Amado, en quien se agrada mi alma;&nbsp;</p><p>Pondré mi Espíritu sobre él,&nbsp;</p><p>Y a los gentiles anunciará juicio.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	No contenderá, ni voceará,&nbsp;</p><p>Ni nadie oirá en las calles su voz.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	La caña cascada no quebrará,&nbsp;</p><p>Y el pábilo que humea no apagará,&nbsp;</p><p>Hasta que saque a victoria el juicio.&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	Y en su nombre esperarán los gentiles.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La blasfemia contra el Espíritu Santo</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 3.20–30; Lc. 11.14–23)</p><p>	</p><p>	<strong>22 </strong>	Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David?&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa.&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol.&nbsp;</p><p>	<strong>34 </strong>	¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La generación perversa demanda señal</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 11.29–32)</p><p>	</p><p>	<strong>38 </strong>	Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal.&nbsp;</p><p>	<strong>39 </strong>	El respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás.&nbsp;</p><p>	<strong>40 </strong>	Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.&nbsp;</p><p>	<strong>41 </strong>	Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar.&nbsp;</p><p>	<strong>42 </strong>	La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>El espíritu inmundo que vuelve</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 11.24–26)</p><p>	</p><p>	<strong>43 </strong>	Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla.&nbsp;</p><p>	<strong>44 </strong>	Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada.&nbsp;</p><p>	<strong>45 </strong>	Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>La madre y los hermanos de Jesús</strong></p><p class="ql-align-center">(Mr. 3.31–35; Lc. 8.19–21)</p><p>	</p><p>	<strong>46 </strong>	Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar.&nbsp;</p><p>	<strong>47 </strong>	Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar.&nbsp;</p><p>	<strong>48 </strong>	Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?&nbsp;</p><p>	<strong>49 </strong>	Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos.&nbsp;</p><p>	<strong>50 </strong>	Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-12]]></link><guid isPermaLink="false">45fb27b4-d2e5-4763-b9c6-14059ebea505</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Fri, 11 Jun 2021 07:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/f7b6b239-f009-4cd7-a2fb-68356ae46e3e/12-san-mateo-12.mp3" length="8272528" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>08:22</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author><podcast:transcript url="https://transcripts.captivate.fm/transcript/a7f968f8-6aaa-4da0-88e7-44e968024ac2/index.html" type="text/html"/></item><item><title>Evangelio de Mateo capítulo 11</title><itunes:title>Evangelio de Mateo capítulo 11</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Venid a mí y descansad</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 10.21–22)</p><p>	</p><p>	<strong>25 </strong>	En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Sí, Padre, porque así te agradó.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Venid a mí y descansad</strong></p><p class="ql-align-center">(Lc. 10.21–22)</p><p>	</p><p>	<strong>25 </strong>	En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Sí, Padre, porque así te agradó.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.&nbsp;</p><p>RVR1960</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-11]]></link><guid isPermaLink="false">302aff98-dd22-4f6b-ae9a-56d8e5dbd85b</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Thu, 10 Jun 2021 07:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/fb245404-12a0-41f8-943c-d1128149223f/11-san-mateo-11.mp3" length="4900433" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>04:52</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author><podcast:transcript url="https://transcripts.captivate.fm/transcript/144ee77c-ac76-4c35-a5dd-0bdc61065ecf/index.html" type="text/html"/></item><item><title>Evangelio de Mateo capítulo 10</title><itunes:title>Evangelio de Mateo capítulo 10</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Elección de los doce apóstoles. </strong>(Mr. 3.13–19; Lc. 6.12–16)</p><p>	Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.</p><p>	<strong>2 </strong>	Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano;</p><p>	<strong>3 </strong>	Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo,</p><p>	<strong>4 </strong>	Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Misión de los doce</strong>(Mr. 6.7–13; Lc. 9.1–6)</p><p>	<strong>5 </strong>	A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis,&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos;&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Mas en cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos quién en ella sea digno, y posad allí hasta que salgáis.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Y al entrar en la casa, saludadla.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>Persecuciones venideras</strong>	</p><p><strong>	16 	</strong>He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.</p><p><strong>	17 	</strong>Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán;</p><p><strong>	18 	</strong>y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles.</p><p><strong>	19 	</strong>Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar.</p><p><strong>	20 	</strong>Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.</p><p><strong>	21 	</strong>El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir.</p><p><strong>	22 	</strong>Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.</p><p><strong>	23 	</strong>Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre.<strong>&nbsp;</strong></p><p>	<strong>24 </strong>	El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>A quién se debe temer. </strong>(Lc. 12.2–9)</p><p>	</p><p>	<strong>26 </strong>	Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado;...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Elección de los doce apóstoles. </strong>(Mr. 3.13–19; Lc. 6.12–16)</p><p>	Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.</p><p>	<strong>2 </strong>	Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano;</p><p>	<strong>3 </strong>	Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo,</p><p>	<strong>4 </strong>	Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Misión de los doce</strong>(Mr. 6.7–13; Lc. 9.1–6)</p><p>	<strong>5 </strong>	A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis,&nbsp;</p><p>	<strong>6 </strong>	sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.&nbsp;</p><p>	<strong>7 </strong>	Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.&nbsp;</p><p>	<strong>8 </strong>	Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.&nbsp;</p><p>	<strong>9 </strong>	No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos;&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Mas en cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos quién en ella sea digno, y posad allí hasta que salgáis.&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Y al entrar en la casa, saludadla.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros.&nbsp;</p><p>	<strong>14 </strong>	Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies.&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>Persecuciones venideras</strong>	</p><p><strong>	16 	</strong>He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.</p><p><strong>	17 	</strong>Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán;</p><p><strong>	18 	</strong>y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles.</p><p><strong>	19 	</strong>Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar.</p><p><strong>	20 	</strong>Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.</p><p><strong>	21 	</strong>El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir.</p><p><strong>	22 	</strong>Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.</p><p><strong>	23 	</strong>Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre.<strong>&nbsp;</strong></p><p>	<strong>24 </strong>	El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>A quién se debe temer. </strong>(Lc. 12.2–9)</p><p>	</p><p>	<strong>26 </strong>	Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.&nbsp;</p><p>	<strong>27 </strong>	Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas.&nbsp;</p><p>	<strong>28 </strong>	Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.&nbsp;</p><p>	<strong>29 </strong>	¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre.&nbsp;</p><p>	<strong>30 </strong>	Pues aun vuestros cabellos están todos contados.&nbsp;</p><p>	<strong>31 </strong>	Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos.&nbsp;</p><p>	<strong>32 </strong>	A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.&nbsp;</p><p>	<strong>33 </strong>	Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>Jesús, causa de división. </strong>(Lc. 12.49–53; 14.26–27)</p><p>	</p><p>	<strong>34 </strong>	No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.&nbsp;</p><p>	<strong>35 </strong>	Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra;&nbsp;</p><p>	<strong>36 </strong>	y los enemigos del hombre serán los de su casa.&nbsp;</p><p>	<strong>37 </strong>	El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí;&nbsp;</p><p>	<strong>38 </strong>	y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.&nbsp;</p><p>	<strong>39 </strong>	El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.&nbsp;</p><p><br></p><p class="ql-align-center"><strong>Recompensas. </strong>(Mr. 9.41)</p><p>	<strong>40 </strong>	El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.&nbsp;</p><p>	<strong>41 </strong>	El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá.&nbsp;</p><p>	<strong>42 </strong>	Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.&nbsp;</p><p>(RVR1960)</p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-10]]></link><guid isPermaLink="false">64e2ef33-c97c-43ba-bcb2-d9af95f21eef</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Wed, 09 Jun 2021 13:42:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/f3c9bca1-a9aa-4936-b58f-2d3116708dce/10-san-mateo-10.mp3" length="6698076" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>06:44</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo capítulo 09</title><itunes:title>Evangelio de Mateo capítulo 09</itunes:title><description><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús sana a un paralítico. </strong>(Mr. 2.1–12; Lc. 5.17–26)</p><p>	Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad.</p><p>	<strong>2 </strong>	Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.</p><p>	<strong>3 </strong>	Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema.</p><p>	<strong>4 </strong>	Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?</p><p>	<strong>5 </strong>	Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?</p><p>	<strong>6 </strong>	Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa.</p><p>	<strong>7 </strong>	Entonces él se levantó y se fue a su casa.</p><p>	<strong>8 </strong>	Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>Llamamiento de Mateo.  </strong>(Mr. 2.13–17; Lc. 5.27–32)</p><p>	<strong>9 </strong>	Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>La pregunta sobre el ayuno. </strong>(Mr. 2.18–22; Lc. 5.33–39)</p><p>	<strong>14 </strong>	Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>La hija de Jairo, y la mujer que tocó el manto de Jesús. </strong>(Mr. 5.21–43; Lc. 8.40–56)</p><p>	<strong>18 </strong>	Mientras él les decía estas cosas, vino un hombre principal y se postró ante él, diciendo: Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Y se levantó Jesús, y le siguió con sus discípulos.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto;&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, seré salva.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Al entrar Jesús en la casa del principal, viendo a los que tocaban flautas, y la gente que hacía alboroto,&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	les dijo: Apartaos, porque la niña no está muerta,...]]></description><content:encoded><![CDATA[<p class="ql-align-center"><strong>Jesús sana a un paralítico. </strong>(Mr. 2.1–12; Lc. 5.17–26)</p><p>	Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad.</p><p>	<strong>2 </strong>	Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.</p><p>	<strong>3 </strong>	Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema.</p><p>	<strong>4 </strong>	Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?</p><p>	<strong>5 </strong>	Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?</p><p>	<strong>6 </strong>	Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa.</p><p>	<strong>7 </strong>	Entonces él se levantó y se fue a su casa.</p><p>	<strong>8 </strong>	Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>Llamamiento de Mateo.  </strong>(Mr. 2.13–17; Lc. 5.27–32)</p><p>	<strong>9 </strong>	Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.&nbsp;</p><p>	<strong>10 </strong>	Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos.&nbsp;</p><p>	<strong>11 </strong>	Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?&nbsp;</p><p>	<strong>12 </strong>	Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.&nbsp;</p><p>	<strong>13 </strong>	Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>La pregunta sobre el ayuno. </strong>(Mr. 2.18–22; Lc. 5.33–39)</p><p>	<strong>14 </strong>	Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?&nbsp;</p><p>	<strong>15 </strong>	Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.&nbsp;</p><p>	<strong>16 </strong>	Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.&nbsp;</p><p>	<strong>17 </strong>	Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>La hija de Jairo, y la mujer que tocó el manto de Jesús. </strong>(Mr. 5.21–43; Lc. 8.40–56)</p><p>	<strong>18 </strong>	Mientras él les decía estas cosas, vino un hombre principal y se postró ante él, diciendo: Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.&nbsp;</p><p>	<strong>19 </strong>	Y se levantó Jesús, y le siguió con sus discípulos.&nbsp;</p><p>	<strong>20 </strong>	Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto;&nbsp;</p><p>	<strong>21 </strong>	porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, seré salva.&nbsp;</p><p>	<strong>22 </strong>	Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora.&nbsp;</p><p>	<strong>23 </strong>	Al entrar Jesús en la casa del principal, viendo a los que tocaban flautas, y la gente que hacía alboroto,&nbsp;</p><p>	<strong>24 </strong>	les dijo: Apartaos, porque la niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él.&nbsp;</p><p>	<strong>25 </strong>	Pero cuando la gente había sido echada fuera, entró, y tomó de la mano a la niña, y ella se levantó.&nbsp;</p><p>	<strong>26 </strong>	Y se difundió la fama de esto por toda aquella tierra.&nbsp;</p><p class="ql-align-center"><strong>Dos ciegos reciben la vista</strong>	</p><p><strong>	27 	</strong>Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!</p><p><strong>	28 	</strong>Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor.</p><p><strong>	29 	</strong>Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho.</p><p><strong>	30 	</strong>Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa.</p><p><strong>	31 	</strong>Pero salidos ellos, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra.<strong>&nbsp;</strong></p><p class="ql-align-center"><strong>Un mudo habla</strong></p><p><strong>	32 	</strong>Mientras salían ellos, he aquí, le trajeron un mudo, endemoniado.</p><p><strong>	33 	</strong>Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel.</p><p><strong>	34 	</strong>Pero los fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.<strong>&nbsp;</strong></p><p class="ql-align-center"><strong>La mies es mucha</strong></p><p><strong>	35 	</strong>Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.</p><p><strong>	36 	</strong>Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.</p><p><strong>	37 	</strong>Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.</p><p><strong>	38 	</strong>Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.<strong>&nbsp;</strong></p><p><strong>(RVR60)</strong></p>]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-9]]></link><guid isPermaLink="false">fc378754-b17e-4c19-beae-8021999b0c78</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/cb1aae6f-bc85-4c39-b69f-fdde04cc385a/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Mon, 07 Jun 2021 10:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/3055e32a-c6f1-4024-9cb8-0384630eaecb/09-san-mateo-09.mp3" length="6680521" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>06:43</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo Capítulo 08</title><itunes:title>Evangelio de Mateo Capítulo 08</itunes:title><description><![CDATA[Jesús sana a un leproso. (Mr. 1.40–45; Lc. 5.12–16)<br /><br />Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente.<br />     <br />           2       Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.<br />     <br />           3       Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.<br />     <br />           4       Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos. <br /><br />Jesús sana al siervo de un centurión. (Lc. 7.1–10)<br /><br /><br />           5       Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, <br />           6       y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. <br />           7       Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. <br />           8       Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. <br />           9       Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. <br />           10       Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. <br />           11       Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; <br />           12       mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. <br />           13       Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora. <br /><br /><br />Jesús sana a la suegra de Pedro. (Mr. 1.29–34; Lc. 4.38–41)<br /><br /><br />           14       Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre. <br />           15       Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía. <br />           16       Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; <br />           17       para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. <br /><br /><br />Los que querían seguir a Jesús<br />(Lc. 9.57–62)<br /><br /><br />           18       Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado. <br />           19       Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. <br />           20       Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza. <br />           21       Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. <br />           22       Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos. <br /><br /><br />Jesús calma la tempestad<br />(Mr. 4.35–41; Lc. 8.22–25)<br /><br /><br />           23       Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. <br />           24       Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. <br />           25       Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! <br />           26       El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. <br />           27       Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen? <br /><br /><br />Los endemoniados gadarenos (Mr. 5.1–20; Lc. 8.26–39)<br /><br />           28       Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los...]]></description><content:encoded><![CDATA[Jesús sana a un leproso. (Mr. 1.40–45; Lc. 5.12–16)<br /><br />Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente.<br />     <br />           2       Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.<br />     <br />           3       Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.<br />     <br />           4       Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos. <br /><br />Jesús sana al siervo de un centurión. (Lc. 7.1–10)<br /><br /><br />           5       Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, <br />           6       y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. <br />           7       Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. <br />           8       Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. <br />           9       Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. <br />           10       Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. <br />           11       Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; <br />           12       mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. <br />           13       Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora. <br /><br /><br />Jesús sana a la suegra de Pedro. (Mr. 1.29–34; Lc. 4.38–41)<br /><br /><br />           14       Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre. <br />           15       Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía. <br />           16       Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; <br />           17       para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. <br /><br /><br />Los que querían seguir a Jesús<br />(Lc. 9.57–62)<br /><br /><br />           18       Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado. <br />           19       Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. <br />           20       Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza. <br />           21       Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. <br />           22       Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos. <br /><br /><br />Jesús calma la tempestad<br />(Mr. 4.35–41; Lc. 8.22–25)<br /><br /><br />           23       Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. <br />           24       Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. <br />           25       Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! <br />           26       El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. <br />           27       Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen? <br /><br /><br />Los endemoniados gadarenos (Mr. 5.1–20; Lc. 8.26–39)<br /><br />           28       Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino. <br />           29       Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo? <br />           30       Estaba paciendo lejos de ellos un hato de muchos cerdos. <br />           31       Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos. <br />           32       El les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron a aquel hato de cerdos; y he aquí, todo el hato de cerdos se precipitó en el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas. <br />           33       Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados. <br />           34       Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos. <br /><br /><br />Reina Valera Revisada (1960).]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-08]]></link><guid isPermaLink="false">https://api.spreaker.com/episode/45193835</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/f92e02e7-2306-4cc3-9807-6d9c036aded7/a97a5c2fb0bfeeebb6b4f54fc254003d.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Mon, 07 Jun 2021 02:08:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/e3e3bd94-0d33-4865-b4fc-bdde239727d4/08-san-mateo-08.mp3" length="5873860" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>05:52</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:summary>Jesús sana a un leproso. (Mr. 1.40–45; Lc. 5.12–16)Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente.                2       Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.                3       Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.                4       Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos. Jesús sana al siervo de un centurión. (Lc. 7.1–10)           5       Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole,            6       y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado.            7       Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.            8       Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará.            9       Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.            10       Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.            11       Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos;            12       mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.            13       Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora. Jesús sana a la suegra de Pedro. (Mr. 1.29–34; Lc. 4.38–41)           14       Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre.            15       Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía.            16       Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos;            17       para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. Los que querían seguir a Jesús(Lc. 9.57–62)           18       Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado.            19       Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.            20       Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.            21       Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre.            22       Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos. Jesús calma la tempestad(Mr. 4.35–41; Lc. 8.22–25)           23       Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron.            24       Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía.            25       Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos!            26       El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.            27       Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen? Los endemoniados gadarenos (Mr. 5.1–20; Lc. 8.26–39)           28       Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los...</itunes:summary><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo Capítulo 07</title><itunes:title>Evangelio de Mateo Capítulo 07</itunes:title><description><![CDATA[El juzgar a los demás. (Lc. 6.37–38, 41–42)<br /><br />No juzguéis, para que no seáis juzgados.<br />     <br />           2       Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.<br />     <br />           3       ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?<br />     <br />           4       ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?<br />     <br />           5       ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. <br />           6       No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen. <br /><br /><br />La oración, y la regla de oro. (Lc. 11.9–13; 6.31)<br /><br />           7       Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. <br />           8       Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. <br />           9       ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? <br />           10       ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? <br />           11       Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? <br />           12       Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas. <br /><br /><br />La puerta estrecha. (Lc. 13.24)<br /><br />           13       Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; <br />           14       porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. <br /><br />Por sus frutos los conoceréis. (Lc. 6.43–44)<br /><br />           15       Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. <br />           16       Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? <br />           17       Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. <br />           18       No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. <br />           19       Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. <br />           20       Así que, por sus frutos los conoceréis. <br /><br /><br />Nunca os conocí (Lc. 13.25–27)<br /><br />           21       No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. <br />           22       Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? <br />           23       Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. <br /><br />Los dos cimientos. (Lc. 6.46–49)<br /><br />           24       Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. <br />           25       Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. <br />           26       Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; <br />           27       y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. <br />           28       Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; <br />           29       porque les...]]></description><content:encoded><![CDATA[El juzgar a los demás. (Lc. 6.37–38, 41–42)<br /><br />No juzguéis, para que no seáis juzgados.<br />     <br />           2       Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.<br />     <br />           3       ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?<br />     <br />           4       ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?<br />     <br />           5       ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. <br />           6       No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen. <br /><br /><br />La oración, y la regla de oro. (Lc. 11.9–13; 6.31)<br /><br />           7       Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. <br />           8       Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. <br />           9       ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? <br />           10       ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? <br />           11       Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? <br />           12       Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas. <br /><br /><br />La puerta estrecha. (Lc. 13.24)<br /><br />           13       Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; <br />           14       porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. <br /><br />Por sus frutos los conoceréis. (Lc. 6.43–44)<br /><br />           15       Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. <br />           16       Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? <br />           17       Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. <br />           18       No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. <br />           19       Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. <br />           20       Así que, por sus frutos los conoceréis. <br /><br /><br />Nunca os conocí (Lc. 13.25–27)<br /><br />           21       No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. <br />           22       Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? <br />           23       Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. <br /><br />Los dos cimientos. (Lc. 6.46–49)<br /><br />           24       Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. <br />           25       Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. <br />           26       Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; <br />           27       y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. <br />           28       Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; <br />           29       porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. <br /><br />Reina Valera Revisada (1960).]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-07]]></link><guid isPermaLink="false">https://api.spreaker.com/episode/45181130</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/1f99eb13-deca-4d5e-bd4a-f53692754d07/a97a5c2fb0bfeeebb6b4f54fc254003d.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Sat, 05 Jun 2021 22:36:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/08599122-b531-40f6-ad27-d7dbf4f17e73/07-san-mateo-07.mp3" length="4415183" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>04:21</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:summary>El juzgar a los demás. (Lc. 6.37–38, 41–42)No juzguéis, para que no seáis juzgados.                2       Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.                3       ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?                4       ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?                5       ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.            6       No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen. La oración, y la regla de oro. (Lc. 11.9–13; 6.31)           7       Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.            8       Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.            9       ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?            10       ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?            11       Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?            12       Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas. La puerta estrecha. (Lc. 13.24)           13       Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella;            14       porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. Por sus frutos los conoceréis. (Lc. 6.43–44)           15       Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.            16       Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?            17       Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.            18       No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.            19       Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.            20       Así que, por sus frutos los conoceréis. Nunca os conocí (Lc. 13.25–27)           21       No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.            22       Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?            23       Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. Los dos cimientos. (Lc. 6.46–49)           24       Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.            25       Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.            26       Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;            27       y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.            28       Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina;            29       porque les...</itunes:summary><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo Capítulo 06</title><itunes:title>Evangelio de Mateo Capítulo 06</itunes:title><description><![CDATA[Jesús y la limosnaGuardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. 2 Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 3 Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, 4 para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Jesús y la oración (Lc. 11.2–4)5 Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. 7 Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. 8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. 9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. 14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Jesús y el ayuno16 Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.17 Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro,18 para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Tesoros en el cielo (Lc. 12.32–34)19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. La lámpara del cuerpo (Lc. 11.33–36)22 La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; 23 pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas? Dios y las riquezas (Lc. 16.13)24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. El afán y la ansiedad (Lc. 12.22–31)25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Pa]]></description><content:encoded><![CDATA[Jesús y la limosnaGuardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. 2 Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 3 Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, 4 para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Jesús y la oración (Lc. 11.2–4)5 Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. 7 Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. 8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. 9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. 14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Jesús y el ayuno16 Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.17 Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro,18 para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Tesoros en el cielo (Lc. 12.32–34)19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. La lámpara del cuerpo (Lc. 11.33–36)22 La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; 23 pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas? Dios y las riquezas (Lc. 16.13)24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. El afán y la ansiedad (Lc. 12.22–31)25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Pa]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-06]]></link><guid isPermaLink="false">Buzzsprout-8645571</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/a9ec2733-0cb6-45d6-b541-609fc10d45a1/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Fri, 04 Jun 2021 17:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/a229cf27-ecb5-4b3f-9717-31c487506d49/8645571-evangelio-de-mateo-capitulo-6.mp3" length="4330470" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>05:59</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:summary>Jesús y la limosnaGuardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. 2 Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 3 Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, 4 para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Jesús y la oración (Lc. 11.2–4)5 Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. 7 Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. 8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. 9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. 14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Jesús y el ayuno16 Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.17 Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro,18 para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Tesoros en el cielo (Lc. 12.32–34)19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. La lámpara del cuerpo (Lc. 11.33–36)22 La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; 23 pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas? Dios y las riquezas (Lc. 16.13)24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. El afán y la ansiedad (Lc. 12.22–31)25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Pa</itunes:summary><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo Capítulo 05</title><itunes:title>Evangelio de Mateo Capítulo 05</itunes:title><description><![CDATA[El Sermón del monte: Las bienaventuranzas(Lc. 6.20–23)Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.2 Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: 3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. 4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. 5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. 6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. 7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. 8 Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. 9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. 10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. La sal de la tierra13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. La luz del mundo14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Jesús y la ley17 No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.19 De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.20 Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Jesús y la ira. (Lc. 12.57–59)21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. 22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. 23 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 25 Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. 26 De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante. Jesús y el adulterio27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio.28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.]]></description><content:encoded><![CDATA[El Sermón del monte: Las bienaventuranzas(Lc. 6.20–23)Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.2 Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: 3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. 4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. 5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. 6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. 7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. 8 Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. 9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. 10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. La sal de la tierra13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. La luz del mundo14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Jesús y la ley17 No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.19 De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.20 Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Jesús y la ira. (Lc. 12.57–59)21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. 22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. 23 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 25 Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. 26 De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante. Jesús y el adulterio27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio.28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-05]]></link><guid isPermaLink="false">Buzzsprout-8640187</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/ebc5193d-a472-4cc7-8653-06e16c392683/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Thu, 03 Jun 2021 21:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/9d4ede56-b2de-4882-841f-4676293321bf/8640187-evangelio-de-mateo-capitulo-5.mp3" length="5661148" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>07:50</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:summary>El Sermón del monte: Las bienaventuranzas(Lc. 6.20–23)Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.2 Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: 3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. 4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. 5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. 6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. 7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. 8 Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. 9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. 10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. La sal de la tierra13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. La luz del mundo14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Jesús y la ley17 No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.19 De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.20 Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Jesús y la ira. (Lc. 12.57–59)21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. 22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. 23 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 25 Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. 26 De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante. Jesús y el adulterio27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio.28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.</itunes:summary><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo Capítulo 04</title><itunes:title>Evangelio de Mateo Capítulo 04</itunes:title><description><![CDATA[Tentación de Jesús(Mr. 1.12–13; Lc. 4.1–13)Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.4 El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra. 7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. 8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. 10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. 11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían. Jesús principia su ministerio(Mr. 1.14–20; Lc. 4.14–15; 5.1–11; 6.17–19)12 Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea; 13 y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí, 14 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: 15 Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, Camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles; 16 El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de sombra de muerte, Luz les resplandeció. 17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. 18 Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. 19 Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. 20 Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. 21 Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. 22 Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron. 23 Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó. 25 Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán. (RV60)]]></description><content:encoded><![CDATA[Tentación de Jesús(Mr. 1.12–13; Lc. 4.1–13)Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.4 El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra. 7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. 8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. 10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. 11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían. Jesús principia su ministerio(Mr. 1.14–20; Lc. 4.14–15; 5.1–11; 6.17–19)12 Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea; 13 y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí, 14 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: 15 Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, Camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles; 16 El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de sombra de muerte, Luz les resplandeció. 17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. 18 Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. 19 Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. 20 Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. 21 Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. 22 Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron. 23 Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó. 25 Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán. (RV60)]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-04]]></link><guid isPermaLink="false">Buzzsprout-8632655</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/dd701c64-0a84-4c9e-9e94-f51ee6423d85/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Wed, 02 Jun 2021 18:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/8a4ce182-3fbd-46c4-b158-33303ec0f691/8632655-evangelio-de-mateo-capitulo-4.mp3" length="2864060" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>03:57</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:summary>Tentación de Jesús(Mr. 1.12–13; Lc. 4.1–13)Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.4 El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra. 7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. 8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. 10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. 11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían. Jesús principia su ministerio(Mr. 1.14–20; Lc. 4.14–15; 5.1–11; 6.17–19)12 Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea; 13 y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí, 14 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: 15 Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, Camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles; 16 El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de sombra de muerte, Luz les resplandeció. 17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. 18 Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. 19 Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. 20 Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. 21 Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. 22 Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron. 23 Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó. 25 Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán. (RV60)</itunes:summary><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo Capítulo 03</title><itunes:title>Evangelio de Mateo Capítulo 03</itunes:title><description><![CDATA[Predicación de Juan el BautistaEn aquellos días llegó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo: 2 Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. 3 Porque este es aquel a quien se refirió el profeta Isaías, diciendo: Voz del que clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor, haced derechas sus sendas». 4 Y él, Juan, tenía un vestido de pelo de camello y un cinto de cuero a la cintura; y su comida era de langostas y miel silvestre. 5 Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región alrededor del Jordán; 6 y confesando sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán. 7 Pero cuando vio que muchos de los fariseos y saduceos venían para el bautismo, les dijo: ¡Camada de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira que vendrá? 8 Por tanto, dad frutos dignos de arrepentimiento; 9 y no presumáis que podéis deciros a vosotros mismos: «Tenemos a Abraham por padre», porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras. 10 Y el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. 11 Yo a la verdad os bautizo con agua para arrepentimiento, pero el que viene detrás de mí es más poderoso que yo, a quien no soy digno de quitarle las sandalias; Él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. 12 El bieldo está en su mano y limpiará completamente su era; y recogerá su trigo en el granero, pero quemará la paja en fuego inextinguible. Bautismo de Jesús¶13 Entonces Jesús llegó* de Galilea al Jordán, a donde estaba Juan, para ser bautizado por él. 14 Pero Juan trató de impedírselo, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? 15 Y respondiendo Jesús, le dijo: Permítelo ahora; porque es conveniente que cumplamos así toda justicia. Entonces Juan se lo permitió*. 16 Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente; y he aquí, los cielos se abrieron, y él vio al Espíritu de Dios que descendía como una paloma y venía sobre Él. 17 Y he aquí, se oyó una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido. (RV60)]]></description><content:encoded><![CDATA[Predicación de Juan el BautistaEn aquellos días llegó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo: 2 Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. 3 Porque este es aquel a quien se refirió el profeta Isaías, diciendo: Voz del que clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor, haced derechas sus sendas». 4 Y él, Juan, tenía un vestido de pelo de camello y un cinto de cuero a la cintura; y su comida era de langostas y miel silvestre. 5 Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región alrededor del Jordán; 6 y confesando sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán. 7 Pero cuando vio que muchos de los fariseos y saduceos venían para el bautismo, les dijo: ¡Camada de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira que vendrá? 8 Por tanto, dad frutos dignos de arrepentimiento; 9 y no presumáis que podéis deciros a vosotros mismos: «Tenemos a Abraham por padre», porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras. 10 Y el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. 11 Yo a la verdad os bautizo con agua para arrepentimiento, pero el que viene detrás de mí es más poderoso que yo, a quien no soy digno de quitarle las sandalias; Él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. 12 El bieldo está en su mano y limpiará completamente su era; y recogerá su trigo en el granero, pero quemará la paja en fuego inextinguible. Bautismo de Jesús¶13 Entonces Jesús llegó* de Galilea al Jordán, a donde estaba Juan, para ser bautizado por él. 14 Pero Juan trató de impedírselo, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? 15 Y respondiendo Jesús, le dijo: Permítelo ahora; porque es conveniente que cumplamos así toda justicia. Entonces Juan se lo permitió*. 16 Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente; y he aquí, los cielos se abrieron, y él vio al Espíritu de Dios que descendía como una paloma y venía sobre Él. 17 Y he aquí, se oyó una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido. (RV60)]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-03]]></link><guid isPermaLink="false">Buzzsprout-8624329</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/58549323-e835-41b7-8473-b841ab7c11ee/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Tue, 01 Jun 2021 14:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/d0e65850-56a6-4d4e-b9ce-8a22427c09fa/8624329-evangelio-de-mateo-capitulo-3.mp3" length="2166573" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>02:58</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:summary>Predicación de Juan el BautistaEn aquellos días llegó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo: 2 Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. 3 Porque este es aquel a quien se refirió el profeta Isaías, diciendo: Voz del que clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor, haced derechas sus sendas». 4 Y él, Juan, tenía un vestido de pelo de camello y un cinto de cuero a la cintura; y su comida era de langostas y miel silvestre. 5 Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región alrededor del Jordán; 6 y confesando sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán. 7 Pero cuando vio que muchos de los fariseos y saduceos venían para el bautismo, les dijo: ¡Camada de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira que vendrá? 8 Por tanto, dad frutos dignos de arrepentimiento; 9 y no presumáis que podéis deciros a vosotros mismos: «Tenemos a Abraham por padre», porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras. 10 Y el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. 11 Yo a la verdad os bautizo con agua para arrepentimiento, pero el que viene detrás de mí es más poderoso que yo, a quien no soy digno de quitarle las sandalias; Él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. 12 El bieldo está en su mano y limpiará completamente su era; y recogerá su trigo en el granero, pero quemará la paja en fuego inextinguible. Bautismo de Jesús¶13 Entonces Jesús llegó* de Galilea al Jordán, a donde estaba Juan, para ser bautizado por él. 14 Pero Juan trató de impedírselo, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? 15 Y respondiendo Jesús, le dijo: Permítelo ahora; porque es conveniente que cumplamos así toda justicia. Entonces Juan se lo permitió*. 16 Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente; y he aquí, los cielos se abrieron, y él vio al Espíritu de Dios que descendía como una paloma y venía sobre Él. 17 Y he aquí, se oyó una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido. (RV60)</itunes:summary><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo Capítulo 02</title><itunes:title>Evangelio de Mateo Capítulo 02</itunes:title><description><![CDATA[Mateo Capítulo 2Huida a Egipto13 Después de haberse marchado ellos, un ángel del Señor se le apareció* a José en sueños, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto, y quédate allí hasta que yo te diga; porque Herodes va a buscar al niño para matarle. 14 Y él, levantándose, tomó de noche al niño y a su madre, y se trasladó a Egipto; 15 y estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor habló por medio del profeta, diciendo: De Egipto llamé a mi Hijo. La matanza de los niños16 Entonces Herodes, al verse burlado por los magos, se enfureció en gran manera, y mandó matar a todos los niños que había en Belén y en todos sus alrededores, de dos años para abajo, según el tiempo que había averiguado de los magos. 17 Entonces se cumplió lo que fue dicho por medio del profeta Jeremías, cuando dijo: 18Se oyó una voz en Ramá, llanto y gran lamentación; Raquel que llora a sus hijos, y que no quiso ser consolada porque ya no existen. Retorno a Nazaret19 Pero cuando murió Herodes, he aquí, un ángel del Señor se apareció* en sueños a José en Egipto, diciendo: 20 Levántate, toma al niño y a su madre y vete a la tierra de Israel, porque los que atentaban contra la vida del niño han muerto. 21 Y él, levantándose, tomó al niño y a su madre, y vino a la tierra de Israel. 22 Pero cuando oyó que Arquelao reinaba sobre Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá; y advertido por Dios en sueños, partió para la región de Galilea; 23 y llegó y habitó en una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliera lo que fue dicho por medio de los profetas: Será llamado Nazareno. (RV60)]]></description><content:encoded><![CDATA[Mateo Capítulo 2Huida a Egipto13 Después de haberse marchado ellos, un ángel del Señor se le apareció* a José en sueños, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto, y quédate allí hasta que yo te diga; porque Herodes va a buscar al niño para matarle. 14 Y él, levantándose, tomó de noche al niño y a su madre, y se trasladó a Egipto; 15 y estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor habló por medio del profeta, diciendo: De Egipto llamé a mi Hijo. La matanza de los niños16 Entonces Herodes, al verse burlado por los magos, se enfureció en gran manera, y mandó matar a todos los niños que había en Belén y en todos sus alrededores, de dos años para abajo, según el tiempo que había averiguado de los magos. 17 Entonces se cumplió lo que fue dicho por medio del profeta Jeremías, cuando dijo: 18Se oyó una voz en Ramá, llanto y gran lamentación; Raquel que llora a sus hijos, y que no quiso ser consolada porque ya no existen. Retorno a Nazaret19 Pero cuando murió Herodes, he aquí, un ángel del Señor se apareció* en sueños a José en Egipto, diciendo: 20 Levántate, toma al niño y a su madre y vete a la tierra de Israel, porque los que atentaban contra la vida del niño han muerto. 21 Y él, levantándose, tomó al niño y a su madre, y vino a la tierra de Israel. 22 Pero cuando oyó que Arquelao reinaba sobre Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá; y advertido por Dios en sueños, partió para la región de Galilea; 23 y llegó y habitó en una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliera lo que fue dicho por medio de los profetas: Será llamado Nazareno. (RV60)]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-02]]></link><guid isPermaLink="false">Buzzsprout-8617659</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/9a6e59f3-18bb-449d-8e0e-8edc04b19005/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Mon, 31 May 2021 13:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/58d01269-9ea1-4364-8df2-1d66fdbb1726/8617659-evangelio-de-mateo-capitulo-2.mp3" length="3214501" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>04:26</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:summary>Mateo Capítulo 2Huida a Egipto13 Después de haberse marchado ellos, un ángel del Señor se le apareció* a José en sueños, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto, y quédate allí hasta que yo te diga; porque Herodes va a buscar al niño para matarle. 14 Y él, levantándose, tomó de noche al niño y a su madre, y se trasladó a Egipto; 15 y estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor habló por medio del profeta, diciendo: De Egipto llamé a mi Hijo. La matanza de los niños16 Entonces Herodes, al verse burlado por los magos, se enfureció en gran manera, y mandó matar a todos los niños que había en Belén y en todos sus alrededores, de dos años para abajo, según el tiempo que había averiguado de los magos. 17 Entonces se cumplió lo que fue dicho por medio del profeta Jeremías, cuando dijo: 18Se oyó una voz en Ramá, llanto y gran lamentación; Raquel que llora a sus hijos, y que no quiso ser consolada porque ya no existen. Retorno a Nazaret19 Pero cuando murió Herodes, he aquí, un ángel del Señor se apareció* en sueños a José en Egipto, diciendo: 20 Levántate, toma al niño y a su madre y vete a la tierra de Israel, porque los que atentaban contra la vida del niño han muerto. 21 Y él, levantándose, tomó al niño y a su madre, y vino a la tierra de Israel. 22 Pero cuando oyó que Arquelao reinaba sobre Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá; y advertido por Dios en sueños, partió para la región de Galilea; 23 y llegó y habitó en una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliera lo que fue dicho por medio de los profetas: Será llamado Nazareno. (RV60)</itunes:summary><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item><item><title>Evangelio de Mateo Capítulo 01</title><itunes:title>Evangelio de Mateo Capítulo 01</itunes:title><description><![CDATA[En Radio Gracia y Paz, te invitamos a que nos acompañes en la lectura diaria de las Escrituras. Hoy: "Mateo capítulo 1"1. Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. 2 Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos. 3 Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram. 4 Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón. 5 Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí. 6 Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías. 7 Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías, y Abías a Asa. 8 Asa engendró a Josafat, Josafat a Joram, y Joram a Uzías. 9 Uzías engendró a Jotam, Jotam a Acaz, y Acaz a Ezequías. 10 Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías. 11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia. 12 Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel. 13 Zorobabel engendró a Abiud, Abiud a Eliaquim, y Eliaquim a Azor. 14 Azor engendró a Sadoc, Sadoc a Aquim, y Aquim a Eliud. 15 Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob; 16 y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo. 17 De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce. Nacimiento de Jesucristo (Lc. 2.1–7)18 El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. 19 José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. 20 Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. 21 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. 22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: 23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. 24 Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. 25 Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS. (RV60)]]></description><content:encoded><![CDATA[En Radio Gracia y Paz, te invitamos a que nos acompañes en la lectura diaria de las Escrituras. Hoy: "Mateo capítulo 1"1. Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. 2 Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos. 3 Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram. 4 Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón. 5 Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí. 6 Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías. 7 Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías, y Abías a Asa. 8 Asa engendró a Josafat, Josafat a Joram, y Joram a Uzías. 9 Uzías engendró a Jotam, Jotam a Acaz, y Acaz a Ezequías. 10 Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías. 11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia. 12 Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel. 13 Zorobabel engendró a Abiud, Abiud a Eliaquim, y Eliaquim a Azor. 14 Azor engendró a Sadoc, Sadoc a Aquim, y Aquim a Eliud. 15 Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob; 16 y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo. 17 De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce. Nacimiento de Jesucristo (Lc. 2.1–7)18 El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. 19 José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. 20 Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. 21 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. 22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: 23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. 24 Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. 25 Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS. (RV60)]]></content:encoded><link><![CDATA[https://lecturas-bblicas-rad.captivate.fm/episode/evangelio-de-mateo-capitulo-01]]></link><guid isPermaLink="false">Buzzsprout-8612462</guid><itunes:image href="https://artwork.captivate.fm/479bf2d8-310b-4de2-a302-68f87b080ed1/e243184294eac7b8f10f266f7691b9ff.jpg"/><dc:creator><![CDATA[Radio Gracia y Paz]]></dc:creator><pubDate>Sun, 30 May 2021 13:00:00 -0300</pubDate><enclosure url="https://podcasts.captivate.fm/media/698ec63e-56af-42bf-9077-7dfc06b5c9cc/8612462-evangelio-de-mateo-capitulo-1.mp3" length="3368415" type="audio/mpeg"/><itunes:duration>04:39</itunes:duration><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:episodeType>full</itunes:episodeType><itunes:summary>En Radio Gracia y Paz, te invitamos a que nos acompañes en la lectura diaria de las Escrituras. Hoy: &quot;Mateo capítulo 1&quot;1. Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. 2 Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos. 3 Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram. 4 Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón. 5 Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí. 6 Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías. 7 Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías, y Abías a Asa. 8 Asa engendró a Josafat, Josafat a Joram, y Joram a Uzías. 9 Uzías engendró a Jotam, Jotam a Acaz, y Acaz a Ezequías. 10 Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías. 11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia. 12 Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel. 13 Zorobabel engendró a Abiud, Abiud a Eliaquim, y Eliaquim a Azor. 14 Azor engendró a Sadoc, Sadoc a Aquim, y Aquim a Eliud. 15 Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob; 16 y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo. 17 De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce. Nacimiento de Jesucristo (Lc. 2.1–7)18 El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. 19 José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. 20 Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. 21 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. 22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: 23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. 24 Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. 25 Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS. (RV60)</itunes:summary><itunes:author>Radio Gracia y Paz</itunes:author></item></channel></rss>